Promesas que caminan: la peregrinación chalmera desde Morelos al Estado de México
El pasado fin de semana y todavía este lunes, cientos de devotos conocidos como “chalmeros” recorrieron varias calles de Cuernavaca en una emotiva peregrinación rumbo al Santuario del Señor de Chalma. Estos fieles, provenientes principalmente de Morelos y zonas aledañas, emprendieron su camino a pie como muestra de fe y agradecimiento, atravesando avenidas emblemáticas de la capital morelense hasta llegar a la tradicional Subida a Chalma, punto de partida clave para muchos grupos que inician su travesía hacia el Estado de México.
La escena, llena de cánticos, oraciones y promesas, transformó temporalmente las vialidades en un río de devoción que resalta la importancia de esta tradición religiosa en la región centro del país.
El recorrido que realizan los chalmeros desde Cuernavaca es uno de los más representativos y exigentes. Partiendo de puntos como la zona centro o colonias cercanas a la Subida a Chalma, los peregrinos avanzan por caminos secundarios, cañones como el de Lobos, comunidades intermedias y tramos montañosos que pueden extenderse por varias horas o incluso días, dependiendo del ritmo y el origen exacto del grupo.
Esta ruta histórica, con raíces que se remontan a la época colonial, combina esfuerzo físico con espiritualidad, y muchos la completan durante la noche o en etapas para llegar exhaustos pero cumplidos al santuario. Es común que crucen autopistas y veredas rurales, siempre acompañados de rezos y música tradicional que los anima en el trayecto.
El destino de esta peregrinación es el Santuario del Señor de Chalma, ubicado en el poblado de Chalma, municipio de Ocuilan (aunque históricamente ligado a Malinalco), en el Estado de México. Se trata del segundo santuario más visitado de México después de la Basílica de Guadalupe, recibiendo millones de peregrinos al año.
La imagen venerada es una advocación de Cristo crucificado, una talla de madera policromada del siglo XVI de estilo manierista, cuya devoción se remonta a la evangelización agustina en la Nueva España.
La historia del Señor de Chalma está envuelta en leyenda y milagro: según la tradición, en 1537 los frailes agustinos Sebastián de Tolentino y Nicolás Perea encontraron en una cueva sagrada prehispánica (dedicada originalmente al dios Oztotéotl) la imagen de Cristo ya colocada milagrosamente, reemplazando a la deidad indígena.
Este evento marcó el sincretismo religioso y dio origen al culto masivo que persiste hasta hoy, atrayendo a fieles que buscan salud, protección o cumplimiento de promesas. El santuario, elevado a rango de Real Convento en el siglo XVIII, sigue siendo un símbolo vivo de fe popular en México.

