LA RECONSTRUCCIÓN DEL TEJIDO SOCIAL EN MORELOS: UN PASO PIONERO Y NECESARIO

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Miércoles 18 de febrero de 2026
Morelos ha dado un paso histórico al convertirse en el primer estado del país en instalar y sesionar el Consejo de Paz y Atención a las Causas. Esta iniciativa, encabezada por el secretario de Gobierno Edgar Maldonado en representación de la gobernadora Margarita González Saravia, marca un hito en la forma de enfrentar la violencia no solo desde la represión, sino desde sus raíces profundas. Es un mecanismo de coordinación que involucra a autoridades estatales, municipales, sociedad civil y hasta la Iglesia, reconociendo que la paz no se decreta, se construye colectivamente.
La violencia que aqueja a nuestra entidad no surgió de la noche a la mañana. Como bien lo expresó el obispo Ramón Castro Castro durante la sesión, “en tres días no se originó la violencia, en tres días no se va a solucionar”. Sus palabras resuenan con crudeza y realismo: la paz exige trabajo constante, paciencia y, sobre todo, corresponsabilidad. El Gobierno no puede solo; necesita de todos los sectores para sanar un tejido social desgarrado por décadas de desigualdad, exclusión y falta de oportunidades.
Lo valioso de este Consejo radica precisamente en su enfoque preventivo y humano. Al priorizar la atención a las causas —desigualdad, discriminación, ausencia de espacios educativos y laborales dignos—, se abandona la idea simplista de que la seguridad se resuelve únicamente con más policías o mayor presencia militar. Aquí se apuesta por políticas públicas sensibles, cercanas a la gente, que escuchen a la ciudadanía y actúen de manera coordinada entre instituciones.
La participación del obispo Castro Castro y de representantes de asociaciones religiosas y civiles en la sesión inaugural envía un mensaje poderoso: la paz trasciende lo gubernamental. Es un compromiso ético y moral de toda la sociedad morelense. La Iglesia, con su arraigo en las comunidades, ofrece no solo discurso, sino disposición concreta para sumar esfuerzos, reconociendo avances en materia de seguridad pero también tareas pendientes que requieren unidad.
Otro elemento prometedor es la integración de programas ya en marcha, como “Sí al Desarme, Sí a la Paz”, propuesto por el secretario de Seguridad Miguel Ángel Urrutia. Esta estrategia integral, que une esfuerzos con el Gobierno federal y los municipios, demuestra que no se parte de cero, sino que se construye sobre bases existentes para potenciar resultados. La clave estará en la continuidad y en evitar que quede en buenas intenciones.
Sin embargo, el camino no será fácil. La complejidad de la realidad morelense —con sus desafíos estructurales y la persistencia de algunos vínculos preocupantes entre actores políticos y delictivos, como ha señalado el propio obispo— exige vigilancia ciudadana y rendición de cuentas permanente. Este Consejo debe ser un espacio vivo de diálogo, no un foro protocolario.
En muchos años no habíamos visto una estrategia tan integral y participativa para atender las causas de la violencia. Es loable que Morelos lidere esta ruta nacional, pero el verdadero éxito dependerá del cumplimiento de sus objetivos: que las acciones lleguen al territorio, que se midan resultados concretos y que la reconstrucción del tejido social se traduzca en comunidades más seguras, inclusivas y solidarias.
Hoy, Morelos reafirma su compromiso con una paz duradera, humana y colectiva. Que esta primera sesión sea el inicio de un proceso sostenido, donde gobierno, sociedad y Iglesia caminen juntos. Solo así podremos decir que estamos avanzando hacia un estado donde la tranquilidad no sea excepción, sino derecho de todas y todos.
