SEÑALES DE CAMBIO EN LA FISCALÍA: ¿EL FIN DE LA IMPUNIDAD EN MORELOS?
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Miércoles 18 de marzo de 2026
Morelos lleva años cargando la pesada etiqueta de entidad donde la justicia llega tarde, a medias o nunca. En un contexto de feminicidios persistentes, desapariciones que duelen en cada colonia y corrupción enquistada en lo cotidiano, cualquier anuncio de mejora institucional suena casi utópico. Sin embargo, un comunicado reciente del Fiscal General Fernando Blumenkron Escobar, trae números que invitan —por primera vez en mucho tiempo— a una cautela optimista.
El Informe de Eficiencia Ministerial de febrero 2026 no es retórica vacía: registra un incremento del 37 % en cateos, 50 % más órdenes de aprehensión y un impresionante 75 % adicional en vinculaciones a proceso, todo comparado con enero del mismo año. Estos saltos no son casuales; reflejan una Fiscalía que, al menos en el terreno operativo, está apretando el acelerador contra la impunidad. Más cateos significan mayor presión sobre redes delictivas; más detenciones, menos delincuentes en la calle; y más vinculaciones, menos casos que se caen por falta de elementos o negligencia.
A esto se suma el énfasis repetido en la atención a víctimas con profesionalismo y empatía, un discurso que Blumenkron ha sostenido desde su llegada y que ahora se acompaña de llamados internos a la lealtad institucional. En una institución históricamente fragmentada por filtraciones, rivalidades y descoordinación, insistir en la unidad no es un lujo: es condición sine qua non para que los avances no se diluyan.
La Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción (FECC) también mostró músculo con 56 denuncias iniciadas, 223 atenciones móviles en zonas clave y 279 asesorías. En un estado donde el desvío de recursos públicos ha sido pan de cada día, estos datos —aunque modestos en comparación con el volumen de irregularidades— indican que el tema ya no es tabú ni cosmético.
Claro, un mes no hace primavera. Los pendientes siguen siendo monumentales: la percepción de inseguridad no baja de un día para otro, las desapariciones forzadas requieren mucho más que cifras mensuales, y la confianza ciudadana se reconstruye con sentencias firmes, no solo con detenciones. Pero negar que algo se mueve sería ciego o malintencionado.
Por ahora, el mensaje es claro: la Fiscalía de Morelos está midiendo, reportando y —aparentemente— actuando. Si estos incrementos se sostienen en marzo, abril y más allá, podríamos estar ante el inicio real de una nueva etapa. La sociedad morelense, harta de promesas incumplidas, merece que así sea. Y la exigencia ciudadana debe ser implacable: que los números sigan subiendo y que la justicia deje de ser la excepción para convertirse en la regla.
