EL PARO EN LA UAEM: DE LA INDIGNACIÓN LEGÍTIMA A LA FRACTURA INEVITABLE
ANÁLISIS
Por Guillermo Cinta Flores
Miércoles 18 de marzo de 2026
Han pasado poco más de quince días desde que las desapariciones y posteriores feminicidios de Kimberly Joselín Ramos Beltrán y Karol Toledo Gómez encendieron la mecha en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Lo que comenzó como una protesta airada por justicia y seguridad se transformó rápidamente en un paro indefinido que afectó hasta 22 unidades académicas, con tomas pacíficas en rectoría, Campus Chamilpa y varios planteles del sur (Jojutla, Mazatepec, Cuautla). Hoy, el movimiento muestra signos claros de decantamiento: divisiones internas, fatiga estudiantil y un diálogo que se negocia en medio de presiones crecientes.
La Resistencia Estudiantil —grupo asambleario, independiente y que rechaza mediaciones de la FEUM, el sindicato académico o cualquier partido— mantiene el núcleo duro. Exigen un pliego petitorio unificado (alrededor de 28 puntos entre justicia por las víctimas, protocolos de género, infraestructura de seguridad —cámaras, luminarias, rondines— y cero represalias). Han logrado visibilidad nacional y forzado respuestas institucionales: la rectora Viridiana Aydeé León Hernández entregó una Carta de Garantías el 16-17 de marzo, prometiendo no sanciones académicas ni administrativas contra participantes. Sin embargo, los estudiantes la analizan y aplazaron el diálogo convocado para el 17, exigiendo definir ellos mismos fecha, lugar y formato para garantizar “condiciones de igualdad”.
Mientras tanto, la fractura es evidente. En Medicina y otras facultades, grupos pro-clases (algunos vinculados a la FEUM) intentaron retomar instalaciones, lo que derivó en denuncias de agresiones físicas y uso de fuerza. Varias preparatorias foráneas (Cuautla, Jojutla, Puente de Ixtla, Tlaltizapán) ya regresaron a clases presenciales este martes 17 de marzo, tras votaciones internas que mostraron mayorías por levantar el paro. El 45 por ciento aproximado de la matrícula sigue afectado, pero el semestre no está perdido, según rectoría. El tiempo, sin embargo, juega en contra: la fatiga erosiona la unidad y la presión por no perder el ciclo académico crece entre miles de estudiantes.
Fuerzas internas y externas moldean el desenlace. Dentro de la UAEM, la FEUM y sectores moderados se alinean implícitamente con la rectoría, que pasa de defensiva a conciliadora: canceló eventos masivos por “luto”, ofreció mesas de diálogo y filtra información que algunos interpretan como criminalización.
Externamente, la gobernadora Margarita González Saravia (Morena) impulsa un Plan Integral de Seguridad Universitaria (cámaras, módulos, coordinación municipal) y acusa “oportunismo político” de actores ajenos.
Amenazas de muerte recibidas por manifestantes (“por cada facultad tomada, desaparece una chica”) y menciones recurrentes al narcomenudeo en campus refuerzan la sospecha de penetración criminal en Morelos, un problema que trasciende la universidad.
¿Quién gana cuando termine? En el escenario más probable —diálogo que derive en levantamiento parcial con concesiones (seguridad reforzada, garantías colectivas, semestre salvado)— las autoridades salen fortalecidas a corto plazo: rectoría estabiliza la institución y el gobierno estatal cierra un foco incómodo sin represión visible. Los estudiantes moderados y la FEUM regresan a clases sin mayores pérdidas.
La Resistencia Estudiantil, en cambio, puede emerger como ganador moral y político si logra demandas tangibles: se consolidaría como voz auténtica, alternativa a la representación tradicional, y obligaría a cambios estructurales en seguridad y protocolos. Si el paro se alarga innecesariamente, todos pierden: el estudiantado por el costo académico, la universidad por descrédito prolongado y la sociedad morelense por la persistencia del problema de fondo (violencia de género e inseguridad que no se resuelve con luminarias solas).
El movimiento ya no es solo estudiantil; es un espejo cruel de Morelos. Un diálogo sincero, con pliego público y compromisos medibles, sería lo más sano. De lo contrario, la indignación legítima corre el riesgo de diluirse en impasse y polarización. El reloj avanza: antes de fin de mes, la historia decidirá quién capitaliza esta crisis y quién la deja pasar en vano.
