LA RESISTENCIA QUE NO CONSTRUYE: ¿HASTA CUÁNDO EL BLOQUEO SIN PROPUESTA?
LA CRÓNICA DE MORELOS
Lunes 23 de marzo de 2026
E D I T O R I A L
En un contexto de dolor legítimo por los feminicidios de Kimberly y Karol, y ante una crisis de inseguridad que ha sacudido a la comunidad universitaria de Morelos, el Gobierno del Estado presentó el Plan Integral de Seguridad Universitaria: un paquete con miles de cámaras, módulos de vigilancia, luminarias, botones de pánico, arcos vehiculares y medidas de prevención y bienestar, con arranque de instalaciones previsto para mediados de abril en varios campus.
Más de veinte días después del estallido del paro, la Resistencia Estudiantil UAEM emitió un comunicado fechado el 22 de marzo de 2026. En él desmiente cualquier participación en el diseño del plan, lo califica de unilateral y lo cuestiona en dos ejes principales: falta de sustento técnico y transparencia en la infraestructura de seguridad, y necesidad de extender las medidas preventivas a todos los campus con recursos permanentes y calendario verificable.
Hasta ahí, las exigencias suenan razonables. El problema radica en lo que el documento no hace: no presenta una alternativa concreta, no ofrece un diagnóstico propio que contradiga el del gobierno, no propone montos presupuestales, tecnologías específicas, modelos de vigilancia alternativos ni mecanismos operativos distintos. Simplemente impugna, alerta sobre riesgos (monitoreo político, centralización en Chamilpa) y demanda más: más transparencia, más descentralización, más plazos, más recursos. Todo legítimo en teoría, pero vacío en la práctica cuando se mantiene un paro que afecta a decenas de miles de estudiantes, docentes y familias que no participan en la resistencia.
Mientras tanto, otros sectores del estudiantado —como alumnos de Contaduría o Medicina— han expresado aval al plan en sus términos generales, y se reportan mesas de trabajo entre rectoría y representantes estudiantiles para revisar demandas. Rectoría ha instalado una comisión de seguimiento ciudadano, entregado carta de no represalias y avanzado en diagnósticos técnicos. La resistencia, en cambio, aplaza diálogos, construye pliegos petitorios generales y, tras casi tres semanas, opta por un posicionamiento que básicamente dice “no fue con nosotros, no confiamos y queremos más”.
Este patrón —deslegitimar cualquier avance ajeno sin aportar ruta sustituta— empieza a desgastar la simpatía inicial que generó el movimiento. La indignación por la violencia de género y la inseguridad es compartida por la gran mayoría; lo que divide es la estrategia: unos apuestan por presionar desde fuera manteniendo el paro indefinido; otros, por negociar y supervisar la implementación real de medidas urgentes. Cuando el paro se prolonga sin horizonte de solución visible, el costo lo pagan quienes no eligieron esa vía: compañeros que pierden semestre, familias que ven truncados proyectos educativos, comunidades que requieren egresados formados.
Nadie niega el derecho a la protesta ni la desconfianza histórica hacia autoridades que prometen y no cumplen. Pero la resistencia genuina también construye. Exigir diagnóstico público, respeto a la autonomía y cobertura universal es válido; negarse a cualquier avance mientras no se cumpla al 100 por ciento con exigencias maximalistas, sin ofrecer contrapartes técnicas o plazos realistas, termina convirtiéndose en obstrucción más que en resistencia.
La seguridad universitaria no se resuelve con cámaras solas, pero tampoco con paros perpetuos sin agenda clara. Si la Resistencia Estudiantil UAEM quiere ser tomada en serio como interlocutor legítimo —y no como grupo que impugna por sistema—, debe pasar de la crítica reactiva a la propuesta proactiva. De lo contrario, el movimiento que nació de una tragedia colectiva corre el riesgo de convertirse en un bloqueo repudiado por la propia comunidad a la que dice representar.
La hora de las soluciones llegó hace semanas. Mantener el impasse solo beneficia a quienes prefieren que nada cambie.
