VISOS DE SOLUCIÓN A LA CRISIS EN LA UAEM: LLEGÓ LA HORA DE QUE LA “RESISTENCIA” DEJE EL “TODO O NADA”
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Martes 24 de marzo de 2026
El lunes 23 de marzo de la actual anualidad quedará registrado en la historia local por haberse firmado el Convenio de Colaboración para la implementación del Plan Integral de Seguridad y Bienestar Universitario, acto encabezado por la gobernadora Margarita González Saravia y la rectora de la UAEM, Viridiana Aydeé León Hernández. El acuerdo, me parece, marca un hito al formalizar la coordinación entre ambas instituciones para crear entornos seguros en los campus, respondiendo directamente a las demandas de la comunidad estudiantil y a la necesidad de proteger la integridad física de miles de jóvenes morelenses en un contexto de preocupación por la violencia.
Analizado en profundidad, representa no solo un paso operativo, sino un compromiso institucional de alto nivel que prioriza la vida universitaria como eje del desarrollo estatal.
En segundo lugar, durante la firma del acuerdo, se refrendó el compromiso con el respeto a la autonomía universitaria. La gobernadora subrayó que el convenio no vulnera la libertad de la máxima casa de estudios, posicionándose como un apoyo complementario en materia de infraestructura y prevención en los exteriores, mientras la UAEM mantiene el control interior. Esta garantía es fundamental para generar confianza y legitimidad en el acuerdo, evitando cualquier percepción de intervención externa y reforzando el principio constitucional que permite a la universidad preservar su libertad académica y crítica en un entorno cada vez más complejo.
El convenio detalla las acciones concretas del plan, que incluyen el “blindaje tecnológico” con sistemas de videovigilancia, arcos de seguridad, modernización del alumbrado público y la creación de paraderos seguros alrededor de los planteles. Estas medidas de infraestructura van acompañadas de estrategias preventivas coordinadas por la Oficina de la Gubernatura, dependencia clave para avanzar en la solución plena del conflicto, representando un avance práctico y medible en el corto plazo que transforma la seguridad de mera promesa a realidad tangible, con impacto inmediato en la percepción de riesgo de estudiantes y docentes.
Se resalta el enfoque integral en el bienestar y el tejido social, atendiendo no solo los síntomas sino las causas de la violencia. La rectora León Hernández contextualizó el acuerdo en el dolor colectivo por casos como los de Karol y Kimberly, enfatizando que educación y seguridad son inseparables para el desarrollo libre y crítico de la comunidad universitaria. Este enfoque humanista añade profundidad emocional y ética al documento, convirtiendo el convenio en un instrumento de justicia social más que de mera contención policial.
Finalmente, el plan se presenta como un instrumento dinámico y abierto, con la creación de un Consejo Ciudadano y la participación de directores de facultades. Esto invita al diálogo continuo y a la incorporación de propuestas de la comunidad, posicionándose como una herramienta evolutiva en medio de las actuales tensiones y paros en la UAEM, buscando construir consensos más amplios y asegurar que el acuerdo evolucione con las voces de quienes más lo viven.
Es momento de que los denominados “estudiantes en resistencia” definan con claridad su posición, pues hasta ahora su silencio o ambigüedad solo alimenta la incertidumbre. Resulta altamente deseable que dejen de lado intereses perniciosos, cálculos políticos o posturas maximalistas y den el paso maduro de iniciar un acercamiento constructivo tanto con la Rectoría de la universidad como con la Oficina de la Gubernatura, con el único propósito de poner fin al paro estudiantil que tanto daño ha causado. Mantenerse en una actitud obcecada, jugando al “todo o nada”, únicamente prolongará la ausencia de clases, profundizará la polarización, erosionará la credibilidad del movimiento y generará más vicios indeseables como la pérdida de tiempo académico, el desgaste emocional de la comunidad universitaria y el riesgo de que el conflicto se enquiste sin beneficio alguno para nadie. La responsabilidad de cerrar este capítulo con inteligencia y sentido común recae también en ellos.
