MANOS MECIENDO LA CUNA: EL PARO EN LA UAEM NO ES SOLO DE ESTUDIANTES
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta
Viernes 27 de marzo de 2026
No se necesita ser docto en el análisis político, ni lince para oler que detrás del paro estudiantil de la UAEM —ya cumplido casi un mes— hay algo más que muchachos indignados por la inseguridad, los feminicidios (los dolorosos casos de Kimberly Joselin Ramos Beltrán y Karol Toledo Gómez) y el hostigamiento dentro de las aulas.
Hoy, en el primer diálogo formal entre la Resistencia Estudiantil y la Rectoría, los universitarios paristas dejaron claro que no están solos. Y no me refiero solo a sus pancartas.
Los agradecimientos públicos fueron elocuentes: a la Asamblea de Pueblos de Morelos, a la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Morelos (CDHEM), a la Dirección de Derechos Humanos, y —nada menos— a la Diócesis de Cuernavaca y al presbítero Valente Tapia por ceder el Seminario Conciliar de San José en Ocotepec como sede neutral del encuentro. Espacio “sagrado”, logística impecable, narrativa coordinada y un pliego petitorio que ya huele a documento profesional, de carácter histórico.
¿Estudiantes puros improvisando un movimiento espontáneo? Con todo respeto: aquí hay cuna mecida por manos adultas y con experiencia en resistencias más amplias.
Pero no nos quedemos solo en los padrinos externos. Porque a estas alturas de la gestión de la rectora Viridiana Aydeé León Hernández (2023-2029), el conflicto también se cuece en hornos internos de la propia universidad. Y ahí aparece el eterno Mario Cortés Montes, el “Fidel Velázquez” del SITAUAEM (Sindicato Independiente de Trabajadores Académicos de la UAEM). Reelegido por séptima ocasión consecutiva para el periodo 2024-2027, lleva casi dos décadas al frente del gremio académico. Influye en el Consejo Universitario, en la designación de directores de unidades, en quién sube y quién baja en la jerarquía. Pone y quita catedráticos, según coinciden voces al interior.
Y no es secreto que hay catedráticos enojados con él. Denuncias de acoso sexual que, según múltiples señalamientos públicos, el sindicato ha protegido o minimizado. Directores de facultades y escuelas que ven en Cortés Montes un poder paralelo que a veces pesa más que la propia Rectoría. Y, por si fuera poco, el resentimiento de quienes quedaron en el camino durante la rectoría de 2024: los “gallos” contrarios a Viridiana que no lograron colocar a sus aliados en posiciones clave, o que simplemente fueron dejados atrás en el reparto de influencias. Esos mismos actores ahora pueden ver en el paro una oportunidad perfecta para cobrar facturas pendientes. Me decía Don Lauro Ortega con frecuencia: “El celo es cabrón… gobernamos a hombres, no a ángeles”.
Así que el cóctel está servido: por fuera, colectivos con trayectoria en movilizaciones sociales y eclesiales que dan logística, visibilidad y blindaje mediático. Por dentro, grupos de presión académica que ven en la crisis una palanca para debilitar a la rectora o para ajustar cuentas con el sempiterno líder sindical. Todo ello aderezado con demandas legítimas que nadie en su sano juicio puede negar: más seguridad, cero tolerancia al acoso, respuesta real a la violencia que azota a las universitarias.
La Rectoría firmó hoy una carta de garantías de no represalias y propone reanudar clases el 13 de abril con extensión del semestre. Los estudiantes piden plan integral y no sueltan el paro. Mientras tanto, miles de alumnos ven cómo se les escapa el semestre entre asambleas, pliegos y agradecimientos institucionales.
Preguntas incómodas que quedan flotando en el aire morelense: ¿quién gana si el conflicto se alarga? ¿Quién pierde de verdad? ¿Y hasta dónde llega la orquestación cuando los “estudiantes” ya tienen padrinos sindicales, sociales, eclesiales y universitarios de peso pesado?
El colmillo no miente, carnales. Este paro no nació solo en las aulas. Tiene cuna, mecedora… y varios dedos moviéndola. La UAEM merece volver a clases, pero con la verdad sobre la mesa. Sin cortinas de humo ni manos ocultas. Porque la universidad pública no es botín de nadie. Ni de externos ni de internos.
