YO NO VEO NINGUNA CRISIS DE GOBERNABILIDAD EN MORELOS

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Martes 7 de abril de 2026
En 2004 analicé algunos elementos clave que sostienen la gobernabilidad de un régimen político, aplicándolos entonces a la realidad de Morelos. Veintidós años después, ante las recientes declaraciones de la gobernadora Margarita González Saravia en su conferencia de prensa en Ciudad Ayala, donde negó la existencia de una crisis de gobernabilidad en su administración, resulta pertinente retomar aquellos mismos criterios para examinar la situación actual del estado.
Juzguen ustedes, amables lectores, si Morelos enfrenta hoy una ingobernabilidad o si, por el contrario, los pilares que sostienen la estabilidad política se mantienen razonablemente firmes bajo esta nueva gestión.
QUE EL RÉGIMEN POLÍTICO SEA LEGÍTIMO, Y NO NECESARIAMENTE DEMOCRÁTICO.
La legitimidad es fundamental para que un régimen sea admitido. Es pertinente aclarar que la condición necesaria para calificar de legítimo a un gobierno es que éste tenga su origen en unas elecciones libres y competitivas. Margarita González Saravia ganó las elecciones estatales de junio de 2024 con un porcentaje superior al 47% de la votación, superando claramente a su principal contendiente. Asumió el cargo el 1 de octubre de 2024 en un proceso electoral reconocido como válido. La concordancia entre los valores del pueblo y las cúpulas que los representan parece mantenerse en un nivel aceptable: su gobierno se ha alineado con la agenda de justicia social y bienestar, lo que resuena con amplios sectores de la población morelense. La legitimidad se fortalece además con la eficacia percibida en la gestión: entregó el Primer Informe de Gobierno al Congreso, de manera personal, realizó informes en las siete regiones del estado y mantiene conferencias de prensa semanales, ejerciendo rendición de cuentas constante. Su nivel de aprobación ciudadana se mantiene en rangos moderados a altos para un gobierno en su segundo año.
CAPACIDAD DE ATENCIÓN DE DEMANDAS.
El gobierno puede tener un régimen legítimo pero no la suficiente capacidad para atender todas las demandas. Los grupos sociales plantean demandas que varían según el contexto histórico e ideológico, y auditan constantemente al gobierno. En Morelos existe una sobrecarga natural de demandas: seguridad, infraestructura, servicios básicos, apoyo a mujeres, adultos mayores, personas con discapacidad y comunidades marginadas. González Saravia ha priorizado la atención territorial, reportando la atención de miles de solicitudes ciudadanas mediante caravanas del pueblo, centros de atención y programas específicos como “Corazón de Mujer”, fortalecimiento de pensiones, vivienda y rehabilitación de infraestructura educativa y hospitalaria. Se han impulsado acciones contra la violencia de género y estrategias de desarrollo regional. Solucionar demandas políticas (diálogo, inclusión) no implica un costo económico directo, pero sí decisiones firmes. La paradoja de ser eficaz más que solo democrático se observa en la búsqueda de resultados concretos: ordenar la administración, coordinación con el gobierno federal y énfasis en justicia social. Hasta ahora no hay evidencia de un colapso generalizado en la atención de demandas, aunque persisten rezagos históricos, especialmente en seguridad.
CAPACIDAD DE INTEGRAR A TODOS LOS ACTORES
Que todos estén de acuerdo con el Proyecto Estatal. Cuando no se logra integrar al sistema político a todos los actores se generan crisis que inciden en la gobernabilidad, ya que ésta demanda la participación de todos en el Proyecto. Es, en otros términos, capacidad de incluir y persuadir. El proyecto de González Saravia se centra en “ordenar la casa para transformarla”, con énfasis en bienestar, seguridad, desarrollo sostenible y coordinación entre los tres niveles de gobierno. Ha recibido respaldo del gobierno federal y ha buscado integrar actores a través de consejos comunitarios, diagnósticos participativos y acercamientos con ayuntamientos. Aunque no todos los actores están plenamente integrados (persisten críticas de la oposición y protestas puntuales por temas como la inseguridad), no se observa una fractura generalizada ni un rechazo sistémico al proyecto estatal. El gobierno ha privilegiado el diálogo territorial y la rendición de cuentas regional como mecanismos de inclusión.
CAPACIDAD DE AGLUTINAR A LOS GRUPOS DE PRESIÓN, DE HACER ALIANZAS CON LOS ACTORES POLÍTICOS Y SOCIALES
La gobernabilidad se fortalece cuando se instrumentan mecanismos de negociación y de solución de conflictos. Se han puesto en marcha mecanismos como las Caravanas del Pueblo, sesiones interinstitucionales para atender violencia de género, coordinación para la seguridad y reuniones de gabinete ampliado para definir prioridades. Existe un esfuerzo por alinear el trabajo estatal con el proyecto nacional, lo que facilita alianzas con el gobierno federal. En el ámbito local se han buscado acuerdos con sectores productivos, turísticos y académicos. Donde han surgido conflictos (protestas por inseguridad u otros temas específicos), el gobierno ha respondido con mesas de diálogo y planes como “Territorios de Paz y Buen Vivir”. No se aprecia el tipo de falla estructural en el gabinete político que se señalaba en administraciones anteriores.
Además de los elementos mencionados, hay que señalar que el modelo no es estático. Existen factores externos que inciden en la gobernabilidad: la transición entre administraciones con rezagos acumulados, la dinámica política nacional y los desafíos derivados de la globalización y la economía. Esto significa que, incluso si los cuatro elementos principales funcionan razonablemente, puede fallar alguno de los factores “supra”.
La realidad morelense sigue siendo compleja: hereda problemas estructurales de inseguridad y desigualdad, pero el horizonte actual parece más definido hacia el bienestar y la justicia social.
CONCLUSIÓN
Aplicando los mismos criterios que usé en mi artículo de 2004, no se observan elementos suficientes que sustenten una crisis de gobernabilidad en la administración de Margarita González Saravia a abril de 2026. Existe legitimidad de origen electoral, esfuerzos visibles de atención a demandas, integración de actores y mecanismos de negociación.
Hay desafíos reales —sobre todo en materia de seguridad y en la satisfacción de expectativas altas de la ciudadanía—, pero estos no configuran una situación de ingobernabilidad. El gobierno parece estar en una fase de estabilización y ordenamiento con resultados tangibles y respaldo ciudadano razonable.
