Rutas Mágicas de Color: un regreso necesario a la identidad visual de Cuernavaca
Por Guillermo Cinta Flores
La serie Alba, de Netflix, se filmó principalmente en la provincia de Alicante, España, donde Villajoyosa se convirtió en el corazón visual de la producción gracias a sus playas y calles coloridas, llenas de fachadas pintadas en tonos vibrantes que transmiten alegría y carácter mediterráneo.
Esa imagen de orden estético y orgullo urbano me recordó inmediatamente el esfuerzo que, siendo gobernador de Morelos, don Lauro Ortega impulsó en Cuernavaca: un programa de pintado de fachadas en inmediaciones del Centro Histórico y algunos puntos del mismo, utilizando tonos ocre que buscaban recuperar la armonía cromática de la ciudad. Aquella iniciativa, modesta pero significativa, se diluyó con el paso de las administraciones siguientes, dejando que el descuido y la improvisación volvieran a ganar terreno.
Hoy, el Ayuntamiento de Cuernavaca, encabezado por el alcalde José Luis Urióstegui Salgado, da un paso en la dirección correcta al autorizar la asignación de 200 mil pesos (apenas una piscacha) para integrarse al programa “Rutas Mágicas de Color”. En sesión ordinaria de Cabildo, el presidente municipal explicó que esta acción responde al compromiso de su administración por generar entornos más ordenados, atractivos y funcionales, mediante la coordinación con el Gobierno del Estado y la participación de la iniciativa privada.
Se trata de una intervención concreta en el tramo de la calle Guerrero que va del Centro Comercial Las Plazas a la calle Degollado, donde se pintarán fachadas y se crearán murales en una de las zonas de mayor actividad comercial y afluencia diaria.
Esta medida es bienvenida porque busca fortalecer la imagen urbana y mejorar los espacios públicos del Centro Histórico, elevando la calidad de vida de los habitantes y haciendo la ciudad más atractiva para visitantes y locales.
La rehabilitación visual no es un lujo estético, sino una herramienta poderosa para reactivar la economía, incentivar el comercio y recuperar el sentido de pertenencia. Cuando una ciudad se ve cuidada, sus habitantes tienden a cuidarla más; cuando se percibe abandonada, invita al descuido.
Sin embargo, este esfuerzo debe ser ampliado. No debe convertirse en otra iniciativa efímera como la de los tiempos de Lauro Ortega. Es indispensable que el programa se transforme en una política permanente. Lo deseable es que la mayoría de los inmuebles del Centro Histórico y de otras zonas emblemáticas sean intervenidos de manera sistemática y sostenida, con un esquema de mantenimiento continuo y no solo con intervenciones aisladas. El color y el orden deben dejar de ser excepciones para convertirse en la norma urbana de Cuernavaca.
Al mismo tiempo, resulta impostergable estudiar mecanismos efectivos para sancionar y prevenir los horrendos graffitis que hoy manchan muros, cortinas y monumentos. Esos trazos agresivos y sin criterio no constituyen arte popular, sino puro vandalismo que degrada el patrimonio y ofende la vista de todos.
Recuperar la belleza visual de Cuernavaca exige tanto pintar con inteligencia como proteger lo pintado con firmeza. Solo así las “Rutas Mágicas de Color” dejarán de ser un proyecto más y se transformarán en el renacimiento estético que la ciudad merece.
