VIDEO: El sacrificio de la Luna: la grabación que desnuda la mente de un asesino en Teotihuacán
Era un día cualquiera en la Zona Arqueológica de Teotihuacán. El sol caía implacable sobre la Pirámide de la Luna, testigo milenario de rituales antiguos que, según algunos, involucraban ofrendas de sangre. Pero el 20 de abril de 2026, ese lugar sagrado se convirtió en escenario de un horror moderno.
Un hombre de 27 años, Julio César Jasso Ramírez, subió armado a la cima y transformó un sitio turístico en su particular teatro de la muerte. Una turista canadiense perdió la vida. Al menos seis personas más —de distintas nacionalidades— resultaron heridas. El agresor, al final, se quitó la vida.
Lo que hace escalofriante esta historia no es solo el saldo de víctimas. Es la grabación que lograron hacer quienes estuvieron a centímetros de la muerte. Un turista, oculto entre el pánico, activó su teléfono y capturó el audio del tirador a muy corta distancia. Tres minutos y 44 segundos de puro terror: la voz de Julio César, alterada, delirante, cambiando de registro como si interpretara un papel macabro. Ese registro, que circuló rápidamente en redes, pone la piel de gallina no por lo que se ve (imágenes borrosas y gente agachada), sino por lo que se escucha.
“Esto se construyó para sacrificios”, grita fuera de sí, molesto porque los turistas se atrevían a tomar fotos en “su” templo. Luego cambia el tono. Adopta un acento español ibérico, con “vosotros” y “habéis” que suenan impostados, casi caricaturescos: “Vosotros que habéis venido de la puta Europa no vais a regresar. Si os movéis, os sacrifico”. Encañona uno por uno a los rehenes. Se oye su respiración agitada. “¿Lo veis? Cumplo mi palabra”. Confiesa con frialdad: “Han muerto dos putos coreanos”.
Los que grabaron vivieron el infierno en tiempo real. Agachados, conteniendo el aliento, con el teléfono temblando en la mano, sabían que cualquier movimiento podía ser el último. Ese audio no es solo evidencia; es la ventana directa a la mente del agresor. Quienes lo capturaron no solo sobrevivieron: documentaron en vivo a un asesino en acción, como nunca antes se había visto en México con tal crudeza.
Julio César Jasso Ramírez no fue un criminal común. Su actuar revela un perfil psicopático clásico, potenciado por rasgos de trastorno delirante y una copia deliberada de la masacre de Columbine (20 de abril de 1999). Vestía una playera con la leyenda “Natural Selection”, la misma que usaba Eric Harris, uno de los autores de esa matanza. En su mochila hallaron un revólver de alto valor y mensajes extremistas.
Planeó el atentado en solitario, pero su ejecución fue caótica, grandilocuente y teatral.
Rasgos psicopáticos clave:
Grandiosidad y necesidad de control: Se erigió en “sacerdote” moderno de Teotihuacán. Creía tener derecho divino (o histórico) para decidir quién vivía y quién moría. Su cambio de acento y vocabulario (“vosotros”, “habéis”) no era improvisación; era una performance para imponer autoridad, como si se creyera un conquistador invertido o un guardián ancestral. Los psicópatas suelen usar la manipulación verbal para dominar; aquí lo hizo con un grupo de desconocidos aterrorizados.
Falta total de empatía: Habla de las víctimas con desprecio (“putos coreanos”, “puta fotito de mierda”). No hay remordimiento, solo satisfacción al cumplir su “palabra”. Los psicópatas ven a los demás como objetos; Julio César los redujo a piezas en su ritual.
Impulsividad mezclada con planificación fría: El ataque fue premeditado (elección de fecha, lugar simbólico, vestimenta copycat), pero la ejecución mostró descontrol emocional. Gritaba, cambiaba de tono, invocaba a Dios y a su madre en la misma frase. Esto apunta a un trastorno de personalidad antisocial con rasgos psicopáticos, sumado a posible psicosis (delirios de grandeza y alucinaciones rituales).
Ausencia de remordimiento y búsqueda de notoriedad: Al grabarse indirectamente a través de sus rehenes, aseguró que su “mensaje” perdurara. Los psicópatas a menudo desean fama póstuma; él la consiguió en cuestión de horas.
Expertos en perfiles criminales coincidirían: no era un simple “loco”. Era un individuo con padecimiento psicológico previo, influenciado por discursos de odio anti-extranjero y resentimiento histórico que circulan en México, pero canalizado a través de una fantasía violenta importada de EE.UU. (Columbine). Actuó solo, sin cómplices, lo que refuerza el patrón del lobo solitario psicopático: inteligente suficiente para planear, pero desquiciado para ejecutar con esa crueldad teatral.
La grabación de quienes lograron capturarlo no solo salva vidas al servir como prueba; es un documento escalofriante de cómo una mente rota puede convertir un sitio de maravilla en escenario de pesadilla. Teotihuacán, cuna de civilizaciones, volvió a ver sangre en su Pirámide de la Luna. Pero esta vez, el sacrificio no fue para los dioses antiguos. Fue el grito final de un psicópata que quiso ser recordado. Y quienes lo grabaron, con el corazón en la garganta, se aseguraron de que así fuera.
El audio grabado a muy corta distancia del sujeto de Teotihuacán pone la piel chinita.
— Enrique Muñoz (@enriquemunozFM) April 21, 2026
Se le oye fuera de sí, molesto porque los turistas se acercan a tomarse fotos en un sitio que, según dice, “fue construido para sacrificios”. Después cambia el tono y hasta empieza a hablar… pic.twitter.com/Fwnaefp0qH
