LUCHA POR EL PODER Y CABOS SUELTOS

PERSPECTIVA
Por Marcos Pineda Godoy
Viernes 24 de abril de 2026
La presidenta ha tomado ya el control de casi todos los instrumentos institucionales para mantener el poder. Las designaciones de tres consejerías electorales del INE, afines al régimen, y el reacomodo de la dirigencia partidaria nacional de Morena fueron los últimos eslabones de la cadena.
¿A poco cree que hace sentido la designación de las dos y el tercer consejero designado, dejando atrás a perfiles mucho más preparados y experimentados, con características que pudieran dar confianza sobre su imparcialidad en el máximo órgano electoral? ¿Tiene alguna otra explicación, real y convincente, la salida de la presidenta de Morena a un premio de consolación, muy bueno, pero a fin de cuentas de segundo nivel, tras haber dado tan buenos resultados al frente del partido? Enviar a Citlalli Hernández a presidir la Comisión de Candidaturas y Alianzas Electorales ¿no significa el hacer a un lado al todavía secretario de Organización, hijo del expresidente? Las respuestas son obvias.
Los personajes y las instituciones que pudieran significar contrapesos o resistencias están neutralizados políticamente o lo estarán muy pronto. Todo aquello que se hubiese acordado con miras a las elecciones del 2027 será puesto a revisión, renegociación o, de plano, tajante negación. Que “si ya había acordado”, bien con la “jefa” Alcalde o con el poderoso e influyente Andy, no tendrá ninguna garantía.
Claudia Sheimbaum se ciñó ya a la máxima de: El poder no se comparte. Todavía con mayor razón cuando se trata de reconstruir el modelo de partido hegemónico, administrador de la pobreza, cuyos apoyos sociales son la principal fuente de votos a su favor. Por eso, la titular de la Secretaría del Bienestar es quien dirigirá Morena y su ejército de los llamados servidores de la nación, que funcionan en la práctica como promotores electorales con sueldo de gobierno. Por eso, tendrán que renunciar o pedir licencia todas y todos aquellos que habían quedado cómodamente instalados por AMLO, si es que aspiran a seguir en la nómina, pasadas las elecciones.
Sin embargo, la presidenta tiene todavía un par de cabos sueltos que, si se descuidan, pueden convertirse en una especie de talón de Aquiles, de puntos críticos.
El primero, que, a pesar del exitoso proceso de afiliación masiva a las filas de Morena, doce millones, junto con sus representantes en cada una de las más de 72 mil secciones electorales del país, no son suficientes para ya no depender de las alianzas con el Verde y el PT, cuya escasa intención de voto se vuelve condición indispensable para obtener la mayoría a la que aspiran. Morena no logró llegar a ser un émulo de la aplanadora electoral como sí lo fue el PRI hegemónico del siglo pasado, que no necesitaba de alianzas para mantenerse en el poder. Y de eso ya se dieron cuenta sus aliados y lo seguirán aprovechando para sus fines e intereses.
El segundo, la lealtad de sus miembros distinguidos y de las tribus que lideran. En el camino han dejado liderazgos lastimados, marginados en uno u otro sentido. Poco o mucho, pero si se van a otros partidos, aceptan candidaturas, cobijados por otras siglas y colores, quizá no ganen, aunque sí harán un hueco, dificultando a Morena el logro de sus objetivos electorales.
Y PARA INICIADOS:
El cambio en la presidencia nacional de Morena tendrá consecuencias en las dirigencias estatales. No sería para sorprenderse que la actual presidenta de Morena Morelos dejara su cargo en la búsqueda de una candidatura, ya bien municipal o distrital. Y ya entrados en gastos, hasta pudieran ofrecerle un cargo en la función pública, bajo la premisa de: si ves las barbas de tu vecino cortar, echa las tuyas a remojar.
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