EL DESGASTE PRESIDENCIAL COMO PARARRAYOS DEL GABINETE
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Jueves 21 de mayo de 2026
En las conferencias mañaneras y en la gestión diaria, Claudia Sheinbaum ha asumido un rol protagónico que la convierte en el principal blanco de críticas, oposiciones y hasta cuestionamientos internos. Mientras ella responde casi a diario sobre seguridad, economía, reformas y cualquier tema controvertido, casi todos los secretarios de Estado mantienen un perfil más bajo, intervienen puntualmente y dejan que la presidenta absorba la mayor parte del golpeteo mediático y político.
Esta dinámica no es nueva en la 4T, pero se acentúa en un estilo de gobierno que centraliza la comunicación en Palacio Nacional. Sheinbaum hereda un formato que privilegia el control directo de la narrativa, lo cual le otorga poder pero también le impone un costo alto en tiempo, energía y exposición.
Su gabinete, con perfiles más técnicos que políticos, tiende a operar con menor visibilidad pública: resuelven en sus áreas, pero evitan convertirse en rostros frecuentes ante el escrutinio. El resultado es una presidenta que “apechuga” la defensa general del gobierno, desde fallas en Pemex hasta la inseguridad regional o las controversias legislativas.
Esta concentración genera un desgaste visible —irritación en algunas intervenciones, repetición de argumentos defensivos— y alimenta la percepción de que algunos funcionarios actúan con comodidad bajo el escudo presidencial.
Sería conveniente, tanto para la salud política de Sheinbaum como para la efectividad del gobierno, que delegara mayor exposición pública. Ruedas de prensa sectoriales, voceros con mayor peso y secretarios asumiendo responsabilidad directa en sus temas fortalecerían la rendición de cuentas y reducirían la imagen de un Ejecutivo que carga solo con el fuego enemigo.
Al final, un presidente no puede ni debe desaparecer, pero un gabinete que se refugia sistemáticamente detrás de la jefa termina quemando al gobierno completo. Ajustar este equilibrio sería una señal de madurez institucional, no de debilidad.
