LA FARSA DE LA PREPARACIÓN: CUERNAVACA BAJO EL AGUA Y LA INDOLENCIA MUNICIPAL
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Sábado 20 de junio de 2026
Las intensas lluvias del viernes por la noche y la madrugada de este sábado volvieron a desnudar la fragilidad crónica de Cuernavaca. Encharcamientos profundos, vehículos varados, caída de al menos cinco árboles y ramas, e inundaciones en colonias como Reforma, Centro, Las Águilas, Flores Magón, Jacarandas, Amatitlán, Chipitlán y Acapantzingo, entre otras, colapsaron la capital morelense. El Paso Exprés y vialidades clave en Jiutepec también sufrieron severas afectaciones, con agua que alcanzó banquetas y obligó a conductores a maniobras desesperadas. Lo que pudo ser un evento climático manejable se convirtió en caos vial y residencial, dejando a miles de ciudadanos expuestos.
Las autoridades municipales, como es costumbre, señalan rápidamente el taponamiento de drenajes por basura como principal culpable. Es cierto que la irresponsabilidad ciudadana contribuye, pero resulta cómodo ignorar la falta de desazolve preventivo, el mantenimiento deficiente de la infraestructura y la ausencia de obras estructurales en barrancas y puntos críticos. Años de promesas incumplidas han dejado a la ciudad vulnerable: alcantarillas obstruidas, arroyos sin limpieza y un urbanismo desordenado que multiplica los riesgos. Esta no es solo una falla de la ciudadanía; es el reflejo de una administración que llega tarde al problema que debió anticipar.
Protección Civil municipal emite comunicados optimistas y declara que “está preparada”, pero la realidad desmiente esa narrativa alegre. Cada temporada de lluvias repite el mismo guion: reportes atendidos a destiempo, vigilancia “permanente” que no impide el colapso y evacuaciones reactivas. Prepararse implica inversión real en infraestructura, actualización de atlas de riesgo y campañas efectivas de concientización, no solo boletines de prensa. La farsa se evidencia cuando, ante la primera tormenta fuerte, la ciudad se paraliza como si nadie hubiera visto venir el temporal.
Este episodio confirma la profunda vulnerabilidad de Cuernavaca ante los embates de la naturaleza, agravada por la negligencia acumulada. Barrancas desbordadas, árboles mal podados que caen sobre vialidades y viviendas en zonas de alto riesgo hablan de un desarrollo urbano improvisado y de autoridades que priorizan la imagen sobre la prevención. La “ciudad de la eterna primavera” merece mucho más que discursos; requiere acción concreta que mitigue, no que celebre, su exposición permanente.
Es hora de exigir cuentas. Los morelenses no podemos seguir pagando con inundaciones, pérdidas materiales y riesgos a la vida la ineficiencia de un Ayuntamiento que deja todo “al garete” hasta que la lluvia obliga a reaccionar. La verdadera preparación no se mide en comunicados, sino en resultados. Mientras no cambie esa lógica, cada tormenta será un recordatorio doloroso de que en Cuernavaca, la naturaleza no perdona la indolencia humana.
Imagen principal: DIARIO DE MORELOS
