DESTAPES PREMATUROS DE MORENA Y LA NARRATIVA DEL TRIUNFO: LA MANIPULACIÓN SUTIL DEL ELECTORADO

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Jueves 25 de junio de 2026
En la lógica política de Morena, los destapes anticipados de candidatos a gubernaturas en 17 estados para la elección del 2 de junio de 2027 obedecen a una estrategia deliberada de posicionamiento que busca capitalizar el tiempo y la ausencia de competencia real. Aunque el proceso electoral formal inicia hasta el 1 de septiembre próximo, el partido en el poder ha optado por una argucia que bordea —y muchos consideran que quebranta— las normas sobre actos de precampaña y campaña anticipada. Esta movida no es improvisada: responde a la necesidad de generar narrativa ganadora desde ahora, cuando la oposición permanece fragmentada y sin proyecto unificador claro.
La experiencia de 2024 con Claudia Sheinbaum ilustra perfectamente esta mecánica. Durante más de tres años se construyó una “narrativa del triunfo” que saturó el imaginario colectivo: encuestas favorables, plazas llenas (con acarreo evidente), comparaciones desfavorables al adversario y la idea de que la continuidad de la 4T era inevitable. Como en la película Focus (Maestros del Engaño), dirigida por Glenn Ficarra y John Requa en 2015 y protagonizada por Will Smith y Margot Robbie, donde un equipo de estafadores manipula la mente de sus víctimas, Morena ha perfeccionado el arte de condicionar percepciones mucho antes de que inicien formalmente los procesos electorales.
La secuencia clave de la película resulta reveladora. Will Smith y su equipo siguen a un millonario empresario chino durante todo un día, exponiéndolo de manera constante y sutil al número 55: en el elevador del hotel, en carteles publicitarios, en el pin del portero, en el arreglo floral de su habitación y hasta en una canción en mandarín que repite ese número 124 veces. El empresario no es consciente de la manipulación, pero su subconsciente queda impregnado. Horas después, en un partido de fútbol americano, cuando debe elegir el número de la camiseta de un jugador para una apuesta millonaria, “su intuición” lo lleva irremediablemente al 55. Cree que decide libremente, pero ha sido condicionado.
Esta analogía aplica con precisión a la propaganda morenista. La repetición incansable de mensajes (“Es Claudia”, “Claudia arrasa”, “ella ya ganó”, “garantiza la continuidad”), combinada con el uso masivo de recursos públicos y la saturación mediática, funcionó como el número 55: creó una “vocecita interior” en el electorado que hizo parecer inevitable el triunfo del partido. Los destapes prematuros actuales replican esta fórmula a escala estatal, buscando que los votantes interioricen desde ahora quiénes serán los próximos gobernadores.
Al anunciar tempranamente a sus aspirantes, Morena logra consolidar lealtades internas, disuadir competidores y comenzar a construir reconocimiento y estructura territorial. Cada evento mediático ocupa espacios informativos durante meses, generando visibilidad prolongada sin las restricciones formales de fiscalización y tiempos oficiales.
Frente a una oposición nulificada por divisiones internas y falta de liderazgo visible, esta táctica resulta aún más eficaz. No existe contrapeso que pueda generar una narrativa alternativa con la misma fuerza ni recursos. El vacío opositor se llena con la maquinaria morenista, que opera con la certeza de que el tiempo juega a su favor cuando no hay contendiente que dispute el centro de la cancha.
Y es aquí donde se cumple con precisión la antigua máxima “divide y reinarás”. El PAN, bajo el liderazgo de Jorge Romero, ha optado por marcar distancia y competir solo en varios estados, generando tensiones internas y públicas con posibles aliados del PRI y MC. Encuestas recientes lo golpean con dureza, mostrando altos niveles de rechazo hacia su figura y su estrategia, lo que alimenta críticas internas y debilita aún más la imagen colectiva de la oposición. Mientras Morena unifica y destapa, la derecha y el centro discuten públicamente sus diferencias, erosionando cualquier posibilidad de narrativa alternativa fuerte.
Esta fragmentación no es solo casualidad. Priorizar identidades partidistas y cálculos locales sobre la unidad estratégica le entrega a Morena el control total del relato y del territorio. Los destapes prematuros no solo violan el espíritu de la ley electoral, sino que consolidan una ventaja estructural difícil de revertir cuando el adversario está ocupado en sus propias divisiones. Es una gran farsa institucional, pero funcional.
La ciudadanía observa cómo se violan los tiempos electorales mediante argucias jurídicas y comunicacionales, mientras el partido gobernante avanza en el tablero sin contratiempos. La norma queda subordinada a la conveniencia política, y el calendario electoral se vuelve flexible solo para quien detenta el poder.
Esta dinámica confirma que Morena no deja nada al azar. Encauza los procesos por donde le conviene: primero la narrativa, luego la estructura territorial y, finalmente, la formalidad legal. Mientras la democracia mexicana enfrenta el desafío de recuperar reglas claras y equitativas, los destapes prematuros seguirán siendo la expresión más clara de una estrategia que prioriza el control del relato y del territorio sobre el respeto estricto a los tiempos institucionales. La pelota, una vez más, parece estar completamente del lado de Morena.
