MÁS QUE NÚMEROS: LA ESPERANZA CAUTELOSA DE UN MORELOS MÁS SEGURO

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Miércoles 15 de julio de 2026
La presidenta Claudia Sheinbaum presentó con legítimo orgullo la reducción de homicidios dolosos en Morelos, donde el promedio diario pasó de entre 3.7 y 4.3 a cerca de 1.9 casos, con caídas que oscilan entre el 48 y el 62 por ciento según los periodos comparados. Se trata de un avance cuantitativo innegable que miles de familias morelenses respiran con alivio.
Detrás de cada decimal hay vidas salvadas, comercios que pueden abrir sin miedo y comunidades que recuperan la posibilidad de transitar de noche. Reconocer este progreso no es complacencia oficial; es justicia con los datos.
El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana federal, el morelense Omar García Harfuch, atribuye el resultado al trabajo coordinado entre los tres niveles de gobierno y a operativos específicos contra la extorsión en Cuautla. Si esa coordinación es real y no solo discursiva, representa un modelo que vale la pena replicar.
La disminución de la violencia no surge de la casualidad, sino de inteligencia compartida, detenciones estratégicas y presión constante sobre las economías criminales. Morelos, históricamente vulnerable por su ubicación y tamaño, demuestra que la voluntad política articulada sí puede torcer la curva de la tragedia.
Sin embargo, una columna de opinión responsable no puede quedarse en la celebración. Una baja significativa no equivale a victoria definitiva. Las estructuras del crimen organizado son resilientes y tienden a mutar: hoy bajan los homicidios, mañana pueden subir las extorsiones invisibles, los desaparecidos o la violencia intrafamiliar. Es indispensable que las autoridades publiquen los datos desglosados, mes a mes, municipio a municipio, y que la sociedad civil mantenga una vigilancia exigente. La paz no se decreta; se construye y se defiende diariamente.
Al final, la verdadera prueba de este logro será su sostenibilidad en el tiempo. Si dentro de un año Morelos mantiene o profundiza esta tendencia, entonces podremos hablar de un antes y un después.
Por ahora, el dato invita al optimismo prudente: celebramos cada vida preservada, exigimos transparencia y recordamos que la seguridad no es un regalo de los gobiernos, sino un derecho que los ciudadanos merecemos y que las instituciones están obligadas a garantizar sin descanso. Morelos merece, por fin, dejar de ser titular de tragedia para convertirse en ejemplo de recuperación.
