LAS CLOACAS QUE DEVORAN A MORELOS

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Miércoles 22 de julio de 2026
Décadas de observación ciudadana no mienten: las barrancas y afluentes naturales de Morelos se convirtieron en auténticas cloacas a cielo abierto. Cada descarga municipal de aguas negras sin tratamiento adecuado arrastra heces fecales y una carga tóxica de patógenos que contamina el paisaje, el aire y el agua que alguna vez dio fama de eterna primavera a la entidad. Basta pararse en sus orillas para confirmar el desastre: olores pestilentes, agua oscura y la certeza de que nada ha cambiado sustancialmente, a pesar de promesas repetidas.
El diagnóstico oficial es demoledor y recurrente. En Cuernavaca se detectan más de cien descargas ilegales por kilómetro que afectan decenas de barrancas, mientras que en el estado entero cerca del 80 por ciento del agua usada se vierte sin tratamiento real. Plantas de tratamiento que funcionan a medias (si bien les va), colectores insuficientes y asentamientos irregulares que multiplican el problema convierten ríos como el Apatlaco en canales de desechos. Lo que debería ser un corredor ecológico es hoy un tiradero anaerobio que envenena suelos y biodiversidad.
El riesgo sanitario y alimentario es inaceptable. Las aguas contaminadas con coliformes fecales, Salmonella, E. coli y parásitos llegan a campos donde se riegan hortalizas de consumo crudo. No se puede descartar la presencia de Cyclospora (causante de la diarrea explosiva en Estados Unidos) y otros protozoos que viajan por la cadena fecal-oral, amenazando directamente la salud de consumidores locales y potenciales exportaciones. Lavar las verduras ya no basta cuando la fuente misma está podrida.
La negligencia acumulada es imperdonable. Años de planes, anuncios y algunas obras aisladas no han revertido la tendencia. Gobiernos de distintos colores han fallado en lo básico: mantener plantas operativas, fiscalizar descargas clandestinas y ordenar el territorio. Mientras tanto, la ciudadanía paga con enfermedades, inundaciones contaminadas y un patrimonio natural degradado que ahuyenta turismo y futuro.
Es urgente romper este círculo vicioso. Se necesita inversión real en saneamiento integral, sanciones efectivas y una conciencia colectiva que deje de tratar las barrancas como basureros. Morelos no puede seguir ahogándose en sus propias aguas negras. La dignidad ambiental y la salud pública exigen acción inmediata, no más discursos vacíos.
