¿Vivir la experiencia o presumirla? La relación de la Gen Z con lo “aesthetic”
Para la Generación Z, salir a tomar un café, visitar un restaurante, acudir a un concierto o elegir un destino para vacacionar ya no se trata únicamente de la experiencia en sí. Cada vez más, estos momentos también forman parte de la identidad digital de los jóvenes: qué lugar visitaron, cómo se veía, qué fotografías pudieron tomar y cómo quedó registrado en sus redes sociales. Cafés con diseños llamativos, restaurantes temáticos, hoteles con espacios fotogénicos y destinos que parecen sacados de una película se han convertido en parte de una cultura en la que la experiencia y su representación en internet prácticamente van de la mano.
Las redes sociales tienen un papel fundamental en este fenómeno. TikTok, Instagram y YouTube funcionan cada vez más como herramientas de descubrimiento para encontrar restaurantes, cafeterías, conciertos, hoteles y destinos turísticos. De acuerdo con datos de Skyscanner, Instagram es la principal fuente de inspiración para viajar entre los viajeros Gen Z estadounidenses, con 60 por ciento, seguido de YouTube con 54 por ciento; además, 43 por ciento afirma priorizar viajes que se vean bien en redes sociales. En México, un estudio reciente sobre el comportamiento de consumidores Gen Z en Ciudad de México también encontró que las redes sociales, las recomendaciones digitales y los influencers tienen una influencia importante en la intención de acudir a restaurantes.
Sin embargo, la tendencia no significa necesariamente que los jóvenes busquen únicamente lugares bonitos para fotografiar. Un análisis publicado recientemente por El Economista señala que los viajeros Gen Z también buscan experiencias locales, viajes con amigos, espontaneidad y actividades que les permitan conocer de manera más inmersiva los destinos; de hecho, 95 por ciento de los viajeros Gen Z consultados considera que las actividades locales ayudan a conocer mejor un lugar. Esto explica por qué cafeterías pequeñas, mercados, barrios, librerías, conciertos, museos y experiencias gastronómicas locales pueden convertirse en destinos virales: no sólo ofrecen una fotografía atractiva, sino la sensación de descubrir algo que todavía conserva cierta autenticidad.
La paradoja es que, mientras las redes sociales impulsan la búsqueda de experiencias visualmente perfectas, también existe una reacción contra los lugares excesivamente diseñados para conseguir una fotografía. En 2026 comienza a ganar fuerza la búsqueda de experiencias más íntimas, espontáneas y auténticas, desde pequeños viajes hasta actividades culturales y espacios que permitan convivir con otras personas. Incluso algunas marcas están apostando por experiencias presenciales más pequeñas y personalizadas para conectar con consumidores jóvenes, en lugar de depender únicamente de campañas digitales.
Así, la obsesión de Gen Z por lo “aesthetic” parece estar evolucionando: ya no se trata solamente de encontrar el café más bonito o el destino perfecto para Instagram, sino de encontrar experiencias que tengan una historia que contar. El viaje, el concierto, la comida o el lugar visitado pueden convertirse en recuerdos personales, pero también en contenido, inspiración y una forma de expresar quiénes somos frente a los demás. En una generación acostumbrada a documentar gran parte de su vida en internet, quizá la nueva tendencia no sea simplemente vivir para publicar, sino encontrar experiencias que valgan la pena vivir incluso antes de sacar el celular.
