Cuando estudiar de noche se convierte en un riesgo: la UAEM adelanta la salida
La inseguridad terminó por modificar algo tan elemental como el horario de clases en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). A partir del nuevo ciclo escolar, los estudiantes del turno vespertino del Campus Chamilpa podrán concluir sus actividades presenciales a las 19:30 horas y no a las 20:30, como ocurría anteriormente. La decisión, acordada entre autoridades universitarias y representantes estudiantiles, pretende reducir la exposición de los jóvenes durante sus traslados nocturnos y forma parte de las medidas adoptadas para reforzar su protección.
Pero detrás de adelantar una hora la salida existe un problema mucho más profundo. Durante 2026 la seguridad se convirtió en una de las principales demandas de la comunidad universitaria, particularmente después de hechos que sacudieron a la institución y provocaron movilizaciones estudiantiles. Los casos de las alumnas Kimberly Joselín Ramos Beltrán y Karol Toledo Gómez, desaparecidas y posteriormente localizadas sin vida, colocaron en primer plano las vulnerabilidades que enfrentan miles de jóvenes no solamente dentro de las instalaciones universitarias, sino también durante los recorridos entre sus escuelas, paradas del transporte público y sus hogares.
La UAEM ha respondido con diferentes acciones. Para el regreso a las actividades presenciales se reforzaron los controles de ingreso mediante credenciales y códigos QR, además de instalarse cámaras de videovigilancia, luminarias y botones de alerta. Paralelamente, autoridades federales, estatales y municipales desplegaron recorridos preventivos en las inmediaciones de distintas unidades académicas. La vigilancia exterior resulta particularmente relevante porque la autonomía universitaria delimita la actuación directa de las corporaciones policiacas dentro de los campus.
Sin embargo, adelantar las clases también deja una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto debe modificarse la vida universitaria para adaptarse a la inseguridad? Una medida preventiva puede disminuir riesgos inmediatos, pero difícilmente puede considerarse la solución definitiva. Miles de estudiantes de la UAEM utilizan diariamente transporte público y recorren calles donde persisten problemas de iluminación, vigilancia y movilidad. El desafío, por tanto, comienza precisamente cuando los alumnos atraviesan las puertas de la universidad.
El problema tampoco corresponde exclusivamente a la Rectoría. Si las condiciones de seguridad alrededor de los planteles obligan a una universidad pública a reducir sus actividades nocturnas, existe una responsabilidad que alcanza a las autoridades municipales y estatales encargadas constitucionalmente de garantizar la seguridad en el espacio público. La institución puede controlar accesos, colocar cámaras, iluminar instalaciones y modificar horarios; pero no puede convertirse en responsable de vigilar toda la ciudad ni los trayectos que recorren diariamente sus estudiantes.
El nuevo horario debe entenderse entonces como una medida de protección necesaria, pero también como una señal de alerta. Una sociedad debería aspirar a que sus jóvenes puedan estudiar hasta las ocho, nueve o diez de la noche y regresar seguros a sus hogares, no a reducir progresivamente sus horarios para evitar encontrarse con la delincuencia. Cuando la inseguridad comienza a determinar a qué hora termina una clase, el problema dejó de ser exclusivamente policiaco: empieza también a limitar el derecho de los jóvenes a estudiar y ocupar con libertad el espacio público.
