MATÍAS NAZARIO: JUNTAR LA MORRALLA PARA COMPRAR LA JOYA DE LA CORONA
LA CRÓNICA DE MORELOS
Jueves 27 de agosto de 2026
Matías Nazario Morales parece haber entendido algo elemental: si Morena no le abre directamente la puerta, puede intentar entrar acompañado por sus aliados. Mientras Víctor Mercado, Javier Bolaños, Juan Ángel Flores y los demás aspirantes disputan espacios dentro del partido guinda, el exdiputado priista construye otra ruta: reunir al Partido Verde, al PT y a Nueva Alianza para presentarse después ante Morena, no como un suspirante aislado, sino como representante de un bloque capaz de aportar votos, estructura y operadores.
La jugada es audaz. Individualmente, esos partidos difícilmente podrían conquistar Cuernavaca; juntos, en cambio, pueden convertirse en la pequeña diferencia necesaria para ganar o perder una elección competida. En política, como en el transporte público, por una moneda que falte no dejan subir al pasajero. Morena puede sentirse suficientemente fuerte para imponer candidato, pero sabe que la “joya de la corona” permanece en manos del PAN y que despreciar unos cuantos puntos porcentuales podría costarle nuevamente la capital.
Sin embargo, todavía existe una distancia considerable entre tomarse fotografías, conversar con dirigentes y asegurar una candidatura común. Nazario deberá resolver primero las resistencias dentro del propio Partido Verde, donde Jorge Argüelles Victorero también tiene aspiraciones, estructura y relaciones nacionales. Después necesitará conseguir respaldos formales del PT y Nueva Alianza, cuyos dirigentes seguramente aprovecharán la coyuntura para negociar regidurías, sindicaturas, diputaciones y posiciones administrativas. Nadie entrega gratuitamente su logotipo ni su porcentaje de votación.

La prueba más complicada vendría después: convencer a Morena de ceder la candidatura de Cuernavaca a un perfil surgido del viejo priismo. Dentro del partido guinda sobran aspirantes y escasean las candidaturas. Víctor Mercado posee reconocimiento y estructura; Javier Bolaños acumula experiencia administrativa y operación territorial; Juan Ángel Flores presume sus resultados como alcalde de Jojutla; Meggie Salgado cuenta con apellido, relaciones empresariales y militancia; mientras otros personajes reclaman antigüedad, cercanía con el gobierno o trabajo partidista. ¿Aceptarían todos hacerse a un lado en favor de quien llegó desde los aliados?
Ahí radica el verdadero propósito de la operación de Matías. Tal vez no necesite obtener desde ahora un acuerdo definitivo; le basta con convertirse en factor indispensable de la negociación. Si logra sumar al Verde, PT y Nueva Alianza, podrá sentarse frente a Morena con algo más valioso que una aspiración personal: una posible coalición detrás de él. Y si la candidatura principal no llega, su peso político podría utilizarse para negociar otras posiciones dentro de la planilla, el Congreso o una futura administración municipal.
Nazario tampoco es un improvisado. Ha transitado por diferentes espacios, conoce las estructuras partidistas y conserva interlocución con actores de distintas corrientes. Esa capacidad puede ser una fortaleza, pero también su principal debilidad: en tiempos de identidades políticas cada vez más confusas, sus adversarios podrán presentarlo como otro profesional de la supervivencia, dispuesto a cambiar de color con tal de permanecer cerca del poder. Tendrá que explicar si está construyendo una alianza para resolver los problemas de Cuernavaca o solamente una plataforma electoral para prolongar su carrera.
Por ahora, debe hablarse de operación política en construcción y no de candidatura asegurada. No existe confirmación pública de que el Verde, PT y Nueva Alianza hayan acordado impulsarlo conjuntamente, mucho menos de que Morena esté dispuesto a entregarle la plaza más importante del estado. Pero sería un error ignorarlo: mientras algunos suspirantes esperan la convocatoria y otros se desgastan en reuniones multitudinarias para representar una unidad inexistente, Matías Nazario mueve piezas y busca fabricar su propia escalera.
La candidatura de Cuernavaca no necesariamente será para quien tenga más méritos, experiencia o popularidad, sino para quien reúna las circunstancias políticas adecuadas cuando llegue la decisión. Matías apuesta precisamente a eso: juntar la morralla partidista hasta convertirla en moneda de cambio suficiente para comprar un boleto en la disputa por la joya de la corona. Falta saber si Morena lo dejará subir al autobús… o si terminará cobrándole el pasaje sin permitirle ocupar el asiento principal.
