Rumbo a 2027: que Dios agarre confesados a los operadores políticos de Morelos
Conforme se acerquen las definiciones de candidaturas para las elecciones de 2027, la temperatura política de Morelos inevitablemente comenzará a subir. Y no solamente por las disputas naturales dentro de los partidos. Los recientes acontecimientos registrados en municipios como Temoac, Yautepec y Coatlán del Río obligan a considerar un ingrediente mucho más delicado: la posibilidad de que intereses ajenos a la política institucional intenten influir, presionar o condicionar algunos procesos municipales. Cada caso deberá investigarse y probarse por separado, pero ignorar las señales sería irresponsable.
Por eso se le desea lo mejor al secretario de Gobierno y al resto de los operadores políticos estatales, porque necesitarán algo más que buenos oficios. Tendrán que anticiparse a conflictos internos de los partidos, rupturas entre grupos, inconformidades por candidaturas y movilizaciones sociales, pero también mantener abiertos los canales de información con las instituciones de seguridad para detectar oportunamente amenazas contra aspirantes y actores políticos. La experiencia demuestra que intervenir cuando el conflicto ya estalló suele resultar mucho más costoso que desactivarlo a tiempo.
El riesgo crecerá precisamente cuando comiencen a conocerse las postulaciones. En determinados municipios, una presidencia municipal representa mucho más que una posición política: significa administrar presupuesto, controlar áreas estratégicas, influir sobre permisos y licencias y tener incidencia en cuerpos municipales de seguridad. Eso convierte a los ayuntamientos en objetivos particularmente sensibles frente a grupos que eventualmente pretendan preservar o ampliar intereses económicos y territoriales. No significa que todos los hechos violentos recientes tengan motivaciones político-criminales, pero sí existen suficientes antecedentes para mantener encendidas las alertas.
La elección del 6 de junio de 2027 todavía parece distante, pero políticamente está cada vez más cerca. El verdadero desafío para el gobierno estatal será conseguir que las diferencias electorales permanezcan dentro de los partidos, las instituciones y finalmente las urnas. Que las candidaturas las decidan militantes, dirigentes y ciudadanos, y nunca las amenazas o las balas. Al secretario de Gobierno y a quienes tienen encomendada la operación política de Morelos habrá que desearles suerte, experiencia y mucha capacidad de anticipación: trabajo, seguramente, no les va a faltar.
