SHEINBAUM Y MORELOS: MUCHAS VISITAS, RESULTADOS TODAVÍA DESIGUALES
Claudia Sheinbaum llega nuevamente este jueves a Morelos. La entidad fue elegida para iniciar la gira nacional con la que presentará los resultados de su Segundo Informe de Gobierno. No es una decisión menor: la Presidenta pudo comenzar en cualquiera de las 32 entidades, pero escogió la Plaza General Emiliano Zapata de Cuernavaca, un espacio cargado de simbolismo histórico y político. Para el gobierno de Margarita González Saravia, la visita representa otra demostración de cercanía con Palacio Nacional. Para los morelenses, sin embargo, debería servir para formular una pregunta mucho más concreta: ¿en qué ha cambiado realmente el estado desde el 1 de octubre de 2024?
Antes de entrar a las cifras conviene aclarar el número de visitas. Las propias fuentes oficiales han aplicado criterios diferentes: algunas cuentan cada gira y otras registran por separado los días de actividad dentro de un mismo recorrido. Si contamos giras presidenciales completas, la de este jueves 3 de septiembre sería aproximadamente la decimotercera visita de Sheinbaum a Morelos. Si contabilizamos cada jornada de trabajo dentro del estado, el número resulta mayor. Lo importante no es inflar o reducir el marcador, sino reconstruir las fechas y analizar qué ocurrió después de cada fotografía.
La primera visita fue el 5 de octubre de 2024, apenas cuatro días después de asumir la Presidencia, cuando encabezó en Jantetelco la presentación de los Programas para el Bienestar. Regresó el 5 de enero de 2025 a Xochitepec para entregar tarjetas de la Pensión Mujeres Bienestar. La tercera gira fue el 10 de abril de 2025, en Chinameca, para conmemorar el aniversario luctuoso de Emiliano Zapata. El 14 de mayo volvió a Cuautla para poner en marcha la primera Red de Tejedoras de la Patria. Su quinta gira abarcó los días 6 y 7 de junio, con actividades en Temixco, Yecapixtla y Emiliano Zapata: inauguró el primer Centro LIBRE para mujeres, colocó la primera piedra del Hospital General de Zona del IMSS e impulsó Salud Casa por Casa. El 30 de septiembre de 2025 regresó a Cuernavaca para cerrar su gira nacional de rendición de cuentas por el primer año de gobierno.
La siguiente visita ocurrió el 30 de noviembre de 2025, cuando encabezó la reapertura del Hospital General “Dr. Carlos Calero Elorduy” del ISSSTE, con capacidad para atender a más de 157 mil derechohabientes. El 8 de enero de 2026 realizó desde Cuernavaca su conferencia matutina y presentó resultados de seguridad. Los días 10 y 11 de abril volvió a Chinameca y Emiliano Zapata para el homenaje anual a Zapata y la entrega de escrituras y finiquitos de créditos. El 22 de mayo inauguró el Hospital General de Jiutepec del IMSS-Bienestar. Los días 24 y 25 de julio encabezó otra gira por Cuernavaca, Xoxocotla y Cuautla, que incluyó la conferencia matutina, vivienda y el anuncio de una intervención especial de seguridad y atención social para Cuautla. El 28 de agosto regresó para entregar escrituras, viviendas y condonaciones de créditos. Finalmente, este 3 de septiembre de 2026 vuelve a Cuernavaca para iniciar la difusión territorial de su Segundo Informe. La cronología muestra una cercanía presidencial poco común. Ahora corresponde revisar los resultados.
El primer indicador es la reducción de los homicidios dolosos, el dato más favorable del periodo. De acuerdo con el Gabinete de Seguridad federal, el promedio diario de víctimas en Morelos pasó de 3.5 en septiembre de 2024 a 1.6 en junio de 2026, una disminución de 54 por ciento. Es un avance que no debe minimizarse: significa menos asesinatos y, por tanto, familias que no fueron destruidas por la violencia. También refleja una coordinación federal mucho más intensa que la existente durante el gobierno de Cuauhtémoc Blanco. Operativos, detenciones, bloqueos financieros y una mayor intervención de la Secretaría de Seguridad federal han comenzado a modificar algunos indicadores.
Pero sería un error convertir esa reducción en la declaración de victoria que suelen fabricar las oficinas de comunicación social. Morelos continúa padeciendo ejecuciones, desapariciones, hallazgos de cuerpos, ataques contra autoridades y penetración criminal en gobiernos municipales. El asesinato del alcalde de Temoac y las operaciones federales contra autoridades presuntamente relacionadas con grupos delictivos demuestran que la disputa no se limita a las calles: el crimen ha buscado sentarse dentro de los ayuntamientos. Bajar de 3.5 a 1.6 homicidios diarios es una mejoría; seguir promediando casi dos asesinatos cada día continúa siendo una tragedia.
El segundo indicador es la extorsión, y aquí la tendencia contradice el optimismo. Durante el primer semestre de 2026, Morelos registró 388 víctimas denunciantes, frente a 181 en el mismo periodo de 2025: un incremento superior al 114 por ciento. El Gobierno federal sostiene que una parte del aumento puede explicarse por la nueva estrategia de denuncia y por una mayor disposición de las víctimas a acudir ante la autoridad. Es posible. Sin embargo, también existe una realidad que empresarios, comerciantes, transportistas, productores y pequeños negocios conocen perfectamente: el cobro de piso se ha extendido y la mayoría de los casos jamás llega a una carpeta de investigación.
Por ello, la seguridad morelense presenta dos rostros. Los homicidios disminuyen de acuerdo con la estadística oficial, pero la extorsión crece y mantiene paralizada una parte de la actividad económica. No basta con detener a pistoleros si las redes financieras, políticas y policiales que sostienen el delito permanecen funcionando. La extorsión es probablemente la prueba más importante para la estrategia de Omar García Harfuch en Morelos. Mientras un comerciante deba pagar para abrir su cortina o un transportista para circular, el discurso de recuperación de la paz seguirá incompleto.
El tercer indicador es el empleo formal, donde los resultados son francamente pobres. Al cierre de julio de 2026, Morelos tenía alrededor de 214 mil puestos registrados ante el IMSS. Solamente durante ese mes perdió 610 plazas y, en los primeros siete meses del año, la caída acumulada fue cercana a 5 mil 800 empleos. La entidad sigue sin construir una base laboral acorde con el tamaño de su población. Las nuevas plazas dependen demasiado del comercio, los servicios, la administración pública y actividades de baja productividad.
Este dato es particularmente grave porque permite separar el crecimiento real de la derrama temporal de los programas sociales. Las pensiones y transferencias federales sostienen el consumo de miles de hogares y deben reconocerse como una red de protección indispensable. Pero una tarjeta del Bienestar no sustituye a una economía capaz de generar empresas, empleos con seguridad social y salarios competitivos. La política social ayuda a resistir la pobreza; la inversión productiva permite salir de ella. Morelos ha avanzado más en lo primero que en lo segundo.
El cuarto indicador es la inversión extranjera, donde también aparece una luz amarilla. Durante el primer semestre de 2026, Morelos recibió alrededor de 163.2 millones de dólares de Inversión Extranjera Directa. La cifra puede parecer respetable hasta revisar su composición: prácticamente todo correspondió a reinversión de utilidades de empresas que ya operaban en la entidad y solamente alrededor de 300 mil dólares fueron capital nuevo. Es decir, las compañías instaladas siguen encontrando razones para permanecer, pero casi nadie está llegando a levantar una nueva planta, abrir una operación importante o generar empleos desde cero.
En 2024, Morelos había captado aproximadamente 161 millones de dólares, pero tampoco registró nuevas inversiones significativas. Entre octubre de 2024 y septiembre de 2026, el estado ha organizado encuentros empresariales, misiones comerciales y anuncios de proyectos; sin embargo, el capital nuevo permanece prácticamente ausente. La cercanía con la Ciudad de México, la ubicación geográfica, los centros de investigación y la infraestructura carretera deberían representar ventajas excepcionales. No se convierten en inversión porque persisten la inseguridad, la extorsión, la falta de suelo industrial ordenado, la incertidumbre regulatoria y una promoción económica que todavía produce más comunicados que contratos.
El quinto indicador es la pobreza laboral, donde existe una mejoría importante, aunque acompañada por una contradicción estructural. Entre el segundo trimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026, Morelos redujo este indicador en 11.7 puntos porcentuales, la mayor disminución entre todas las entidades del país. Esto significa que aumentó el número de hogares cuyo ingreso laboral alcanza para comprar la canasta alimentaria. El incremento del salario mínimo, los programas sociales y la recuperación de ciertos ingresos explican parte de ese avance.
Sin embargo, alrededor de dos de cada tres trabajadores morelenses —67.2 por ciento— permanecen en la informalidad. No tienen estabilidad, seguridad social, pensión garantizada ni protección efectiva ante una enfermedad o un despido. Aquí se encuentra la gran paradoja del periodo: Morelos ha reducido la pobreza laboral sin haber resuelto la precariedad. La población puede recibir un poco más de ingreso y, al mismo tiempo, continuar vendiendo en la calle, trabajando por su cuenta o dependiendo de ocupaciones sin contrato ni derechos laborales.
Las visitas presidenciales sí han dejado obras y compromisos. Ahí están la reapertura del Hospital Carlos Calero, la inauguración del Hospital General de Jiutepec, el Hospital del IMSS en construcción en Yecapixtla, el distribuidor vial de acceso a la UAEM, la reconstrucción del Circuito Tierra y Libertad, el puente de Jojutla, la tecnificación del Distrito de Riego 016, los proyectos de vivienda y los nuevos planteles educativos anunciados para Cuautla y Yautepec. Sería mezquino negar que la cercanía con el Gobierno federal ha colocado a Morelos en una posición mucho más favorable que durante el sexenio anterior.
Pero también sería ingenuo confundir anuncios con resultados terminados. Cada visita aumenta las expectativas y eleva la responsabilidad de Margarita González Saravia y de sus operadores. La Presidenta puede autorizar recursos, anunciar hospitales y desplegar fuerzas federales, pero corresponde al gobierno estatal conseguir terrenos, ejecutar presupuestos, resolver permisos, vigilar contrataciones, coordinar municipios y evitar que los proyectos se queden atrapados en la burocracia. La cercanía presidencial es una oportunidad, no una póliza de garantía.
El balance de estos primeros 23 meses es, por tanto, desigual: bajaron los homicidios y la pobreza laboral; aumentó la extorsión; retrocedió el empleo formal; la inversión nueva prácticamente no llegó y la informalidad continúa dominando el mercado laboral. Morelos está mejor en algunos rubros, pero todavía no puede hablarse de una transformación consolidada. Hay avances estadísticos, obras en proceso y una interlocución privilegiada con Palacio Nacional, pero persisten problemas que ninguna concentración política puede esconder.
Claudia Sheinbaum ha visitado Morelos más veces que muchos de sus antecesores durante periodos comparables. Esa cercanía merece reconocerse. Sin embargo, llegará el momento en que dejemos de contar las visitas para comenzar a contar hospitales plenamente operativos, carreteras terminadas, empleos creados, empresas nuevas, extorsionadores encarcelados y comunidades con agua. Porque una Presidenta puede venir trece veces, pero si la realidad cotidiana no cambia, la fotografía número trece terminará pareciéndose demasiado a la primera.
