URIÓSTEGUI BLINDA EL CIERRE FINANCIERO ANTE UN 2027 QUE PODRÍA CAMBIAR SU RUMBO
LA CRÓNICA DE MORELOS
Miércoles 9 de septiembre de 2026
E D I T O R I A L
José Luis Urióstegui Salgado todavía tiene por delante más de un año al frente del Ayuntamiento de Cuernavaca: su segundo periodo constitucional concluye el 31 de diciembre de 2027. Sin embargo, la reunión de Gabinete que encabezó este miércoles para revisar el cierre financiero de 2026 y comenzar a proyectar ingresos y gastos del próximo ejercicio admite una lectura adicional a la estrictamente administrativa.
El alcalde necesita mantener la casa en orden porque 2027 será electoral y, si decide buscar otro cargo de elección popular, eventualmente tendría que separarse de la Presidencia Municipal en los tiempos que correspondan. Nadie puede asegurar todavía que lo hará, pero sería ingenuo ignorar esa posibilidad.
De ahí que resulte particularmente importante su llamado a redoblar esfuerzos durante el último cuatrimestre del año, cuidar los recursos y mantener criterios de transparencia, austeridad y rendición de cuentas. Urióstegui sabe que una eventual candidatura no podría construirse sobre las ruinas financieras de su propio gobierno. Si llegado el momento solicita licencia para contender por una diputación federal o local, necesitará dejar una administración funcionando, con capacidad para prestar servicios, pagar compromisos y continuar las obras programadas. Una crisis de liquidez o, peor aún, un escándalo de corrupción en alguna dependencia podría convertirse rápidamente en un lastre político.
El riesgo no está solamente en las grandes decisiones presupuestales. Los periodos preelectorales suelen relajar disciplinas, despertar ambiciones y provocar que algunos funcionarios comiencen prematuramente a buscar acomodo en el siguiente tablero político. Ahí deberá poner especial atención el presidente municipal. Cuernavaca no puede darse el lujo de que servidores públicos distraigan tiempo, recursos o estructura gubernamental en proyectos electorales. Mucho menos que alguien interprete el ambiente de sucesión como oportunidad para hacer negocios antes de abandonar el barco. Si Urióstegui quiere preservar el capital político construido durante dos periodos consecutivos, tendrá que vigilar especialmente a su propio equipo.
Además, independientemente de cuál sea su futuro político, la ciudad seguirá exigiendo resultados. Seguridad, agua potable, recolección de basura, alumbrado, calles, bacheo, infraestructura y atención ciudadana no entienden de candidaturas ni calendarios electorales.
El presupuesto de 2027 tendrá, por ello, una importancia extraordinaria: será el último que corresponda íntegramente a esta administración y deberá permitir que el Ayuntamiento funcione con estabilidad incluso si cambia quien ocupe la Presidencia Municipal durante el transcurso del año. Prepararlo con realismo financiero será tan importante como impedir que las necesidades políticas terminen contaminando las prioridades presupuestales.
Urióstegui entra así en una etapa especialmente delicada de su gobierno. No está todavía preparando la entrega del Ayuntamiento, porque constitucionalmente le queda camino por recorrer; pero sí debe estar preparado para cualquier escenario que abra 2027.
Si permanece hasta el último día, tendrá que entregar buenas cuentas. Y si decide competir nuevamente en las urnas y solicita licencia, con mayor razón deberá dejar una administración ordenada y lejos de cualquier sospecha.
Para un político que eventualmente podría volver a pedir el voto ciudadano, pocas cartas de presentación serían mejores que demostrar que supo gobernar sin quebrar al municipio, sin abandonar los servicios y, sobre todo, sin permitir que la corrupción apareciera cuando comenzaron a sonar las campanas electorales.
