MORELOS: APRENDER A VIVIR SIN REGALARLE OPORTUNIDADES AL DELITO

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Jueves 17 de septiembre de 2026
La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública del INEGI (ENVIPE) 2026 acaba de poner números a algo que los morelenses conocemos perfectamente en nuestra vida cotidiana: la inseguridad ha modificado nuestra manera de vivir. El dato es brutal. El 88.7 por ciento de los adultos considera inseguro vivir en Morelos, solamente por debajo del Estado de México. Y aunque la encuesta muestra que durante 2025 disminuyó la tasa estimada de víctimas en nuestra entidad, sería un error interpretar esa reducción como una invitación a bajar la guardia. La fotografía nacional ayuda a entenderlo: el fraude ya es el delito más frecuente, seguido de la extorsión y el robo o asalto en la calle o el transporte público. El delincuente ya no necesariamente espera en una esquina; también puede aparecer en nuestro teléfono, WhatsApp, correo electrónico o cuenta bancaria.
La prevención, por lo tanto, tiene que cambiar. Durante décadas aprendimos algunas reglas elementales: no caminar de noche por lugares solitarios, evitar exhibir dinero, mirar alrededor antes de entrar a casa y no dejar objetos valiosos dentro del automóvil. Todo eso sigue vigente, pero hoy debemos agregar otras precauciones: desconfiar de llamadas de números desconocidos que exijan dinero; nunca proporcionar contraseñas, NIP o códigos recibidos por mensaje; no abrir enlaces enviados supuestamente por bancos; verificar directamente con nuestros familiares cualquier llamada que anuncie una emergencia; evitar publicar en tiempo real que estamos de viaje y revisar periódicamente los movimientos de nuestras cuentas. La delincuencia también evolucionó y nosotros tenemos que hacerlo.
Hay otra enseñanza de la ENVIPE que no debemos pasar por alto. En México, 93.4 por ciento de los delitos ocurridos durante 2025 no fueron denunciados o no terminaron en una carpeta de investigación. En extorsión, la cifra oculta llegó a 97.5 por ciento. Y este último dato adquiere especial importancia en Morelos, donde la extorsión se convirtió en uno de los grandes problemas para comerciantes, empresarios, transportistas y familias. Frente a una llamada de extorsión, la primera regla debe ser conservar la calma: no proporcionar información personal, no depositar inmediatamente, cortar la comunicación cuando sea posible, localizar por otra vía al familiar mencionado y reportar el intento a las autoridades. El miedo y la urgencia son precisamente las herramientas con las que trabaja el extorsionador.
Pero cuidarnos tampoco significa encerrarnos en nuestras casas ni aceptar como normal que la delincuencia determine nuestros horarios. Significa incorporar una cultura de prevención: compartir rutas y ubicación con personas de confianza cuando sea necesario; evitar cajeros automáticos aislados durante la noche; observar nuestro entorno antes de abordar o descender del automóvil; acordar palabras clave familiares para verificar emergencias; enseñar a niños y adultos mayores a no proporcionar información a desconocidos; fortalecer las redes entre vecinos y, sobre todo, denunciar cuando existan condiciones para hacerlo. La propia ENVIPE revela hasta dónde llega el impacto social del miedo: 62.8 por ciento de la población dejó de permitir que los menores del hogar salieran solos y 44.7 por ciento dejó de salir de noche.
Las autoridades tienen la obligación constitucional de proporcionar seguridad y ninguna recomendación ciudadana puede sustituir esa responsabilidad. Pero mientras Morelos permanezca entre las entidades donde existe mayor percepción de inseguridad, nosotros también podemos reducir nuestra exposición al riesgo. No existe una fórmula capaz de garantizar que alguien jamás será víctima de un delito, pero sí podemos cerrar muchas de las puertas que aprovechan los delincuentes. La seguridad comienza con policías, fiscalías, inteligencia, prevención y justicia; pero existe una última barrera que depende de cada uno de nosotros: no regalar información, oportunidades ni ventajas a quien está esperando precisamente nuestro descuido.
