EN LA UAEM ALGO SE ESTÁ ROMPIENDO
LA CRÓNICA DE MORELOS
Jueves 17 de septiembre de 2026
E D I T O R I A L
Lo ocurrido martes y miércoles ya no puede explicarse únicamente por la indignación provocada por el asesinato de Claudia Tacoronte Aguilera. Miles de universitarios marcharon el martes por las calles de Cuernavaca y, apenas 24 horas después, integrantes del movimiento estudiantil irrumpieron en el escenario público durante el desfile del 16 de septiembre para volver a hacerse escuchar. En las protestas incluso apareció una exigencia que eleva considerablemente la temperatura interna: la salida de la rectora Viridiana León Hernández. Sería un error reducir todo esto a una reacción coyuntural. Apenas en marzo comenzó un paro que, para el día 26 de ese mes, acumulaba ya 23 días y que prolongó sus negociaciones durante abril. De aquella crisis emergió Resistencia Estudiantil 2026. Si seis meses después los estudiantes regresan a las calles con mayor fuerza, la pregunta resulta inevitable: ¿realmente se resolvieron las causas de aquel conflicto o solamente se consiguió que los alumnos regresaran temporalmente a las aulas?
Viridiana León Hernández enfrenta, por tanto, algo mucho más delicado que una crisis de comunicación. Está frente a una posible ruptura de confianza con un sector de la comunidad universitaria que reclama seguridad, atención a denuncias de acoso, transparencia y capacidad para sacudir estructuras que durante años se volvieron parte del paisaje institucional. Y aquí aparece uno de los grandes problemas históricos de la UAEM: los grupos de poder internos. Rectorías van y rectorías vienen, pero determinados intereses académicos, administrativos, sindicales y políticos permanecen. La autonomía universitaria jamás debería convertirse en patente de corso para proteger cacicazgos, cuotas, privilegios o redes de influencia. Si existen profesores denunciados por estudiantes que encuentran refugio en estructuras gremiales, como ahora sostienen manifestantes, corresponde investigarlo seriamente y garantizar debido proceso; lo inadmisible sería que la pertenencia sindical funcionara como escudo automático frente a cualquier señalamiento.
Particular atención merece el SITAUAEM. Defender los derechos laborales de los académicos es una función legítima e indispensable; otra cosa completamente distinta es permitir que una organización sindical termine convertida en territorio permanente de grupos que durante décadas han acumulado influencia sobre la vida universitaria. La UAEM necesita revisar sin simulaciones sus estructuras de poder, comenzando por aquellas donde las mismas figuras, corrientes y alianzas aparecen una y otra vez alrededor de rectorías, direcciones, consejos y negociaciones sindicales. Una universidad pública no puede modernizar sus aulas mientras conserva prácticas políticas del siglo pasado. Si Resistencia Estudiantil 2026 nació precisamente porque una generación dejó de sentirse representada por los mecanismos tradicionales, combatirla, desacreditarla o simplemente esperar a que se desgaste sería repetir el error cometido durante el paro de marzo y abril.
Algo se está gestando alrededor de la Rectoría y sería irresponsable ignorarlo. El asesinato de Claudia pudo convertirse en el detonador de una inconformidad que venía acumulándose desde mucho antes: cuatro estudiantes de la UAEM asesinadas durante 2026, denuncias sobre inseguridad, cuestionamientos a protocolos institucionales y una organización estudiantil que sobrevivió al levantamiento del paro y volvió a las calles. Viridiana León todavía tiene oportunidad de abrir las puertas y ventanas de la Universidad, revisar estructuras, escuchar directamente a los estudiantes y demostrar que Rectoría gobierna para toda la comunidad y no administra equilibrios entre grupos de poder. Pero el margen se estrecha. Cuando un movimiento estudiantil reaparece seis meses después y lleva su protesta hasta un desfile cívico-militar, el problema ya no consiste en preguntarse cuándo volverán los jóvenes a sus salones, sino por qué tuvieron que volver a las calles.
