¿A QUIÉN LE HABLÓ MARGARITA CUANDO DIJO QUE NO SE DEJARÁ INTIMIDAR?
ANÁLISIS
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 5 de octubre de 2026
Hubo una frase en el mensaje pronunciado por la gobernadora Margarita González Saravia el sábado 3 de octubre, en el Estadio Centenario de Cuernavaca, que merece ser separada de las cifras, los programas sociales y el balance de sus primeros dos años de gobierno. “Quiero decirles algo con absoluta claridad: nunca nos dejaremos intimidar por nadie, nuestra responsabilidad única es servir al pueblo de Morelos”. No fue una expresión improvisada en una entrevista ni una respuesta arrancada por alguna pregunta incómoda. Formó parte de un mensaje político preparado para uno de los actos más importantes de su administración.
La palabra importante es “intimidar”. Un gobernante puede decir que no se dejará presionar, distraer o detener. Intimidar significa algo más: supone la existencia —real o percibida— de fuerzas que pretenden infundir temor para modificar una conducta o una decisión. Sin embargo, la gobernadora no identificó destinatarios. Por eso sería irresponsable asegurar que hablaba del Partido del Trabajo, de adversarios políticos, de grupos criminales o de cualquier otro actor. Pero el contexto permite formular la pregunta.
Apenas diez días antes del informe, Cuernavaca había sufrido una de las jornadas de mayor tensión política de los últimos meses. El 23 de septiembre fueron bloqueados accesos de la capital y de Palacio de Gobierno e incluso la autopista México-Acapulco. El propio Gobierno de Morelos atribuyó las movilizaciones a la diputada Tania Valentina Rodríguez Ruiz, a Víctor Hugo Bobadilla Gutiérrez y a personas identificadas con el Partido del Trabajo, y sostuvo oficialmente que “ningún interés partidario o electoral” justificaba aquellas acciones.
El episodio produjo una consecuencia política inmediata. Morena Morelos respaldó públicamente a González Saravia, habló de no ceder ante “presiones electorales” y la dirigencia estatal llegó a plantear que, bajo esas condiciones, preferiría no participar en alianza con el PT en 2027, aunque reconoció que la decisión final corresponde a las dirigencias nacionales.
Por eso resulta perfectamente razonable colocar aquel conflicto dentro del contexto de la frase pronunciada en el Centenario. Pero no necesariamente explica todo. Existe otro antecedente bastante más delicado que obliga a ampliar la mirada.
En mayo pasado trascendieron investigaciones federales sobre una presunta infiltración de grupos criminales en diversos ayuntamientos de Morelos. Dentro de la causa penal 170/2026 apareció el testimonio del exalcalde de Cuautla Raúl Tadeo Nava, quien aseguró que un presunto jefe criminal había pretendido utilizarlo para transmitir un mensaje a Margarita González Saravia cuando todavía era gobernadora electa. Según esa versión ministerial difundida por diversos medios, se buscaba obtener condiciones favorables para la operación criminal y espacios de influencia política.
Aquí debe hacerse una precisión indispensable: Margarita González Saravia negó públicamente haber recibido amenazas. El 25 de mayo calificó esa versión como falsa y días después volvió sobre el tema. Entonces pronunció una expresión que, vista desde octubre, adquiere especial interés: “No le tengo miedo a los trancazos”. También sostuvo que no pactaría con grupos criminales y defendió la coordinación con las autoridades federales.
No puede establecerse, por lo tanto, que el “nunca nos dejaremos intimidar por nadie” del Estadio Centenario haya sido dirigido al crimen organizado. Tampoco puede asegurarse que fuera exclusivamente para el PT. Hacer cualquiera de las dos afirmaciones significaría convertir una interpretación en un hecho. Lo que sí puede observarse es que durante 2026 el gobierno de Margarita González Saravia ha debido desenvolverse entre presiones políticas, conflictos sociales, investigaciones federales sobre penetración criminal en gobiernos municipales y una creciente disputa por el poder rumbo a las elecciones de 2027.
Y ahí quizá radique la verdadera dimensión política de aquella frase. Más que buscar un solo destinatario, podría entenderse como una definición de autoridad frente a diversos frentes. El proceso electoral local comenzó el 1 de septiembre y, conforme se acerque junio de 2027, aumentarán las disputas por candidaturas, alianzas, presupuestos, municipios y espacios de poder. En ese ambiente, cada conflicto administrativo puede adquirir lectura electoral y cada movilización social corre el riesgo de mezclarse con intereses partidistas.
Pero existe también una obligación para quien gobierna. Decir que un gobierno no se dejará intimidar constituye una declaración de firmeza; demostrarlo exige otra cosa: instituciones capaces de resistir presiones sin abandonar la legalidad. No dejarse intimidar no significa cerrarse a la crítica ni confundir inconformidad social con conspiración política. Significa dialogar cuando corresponde dialogar, aplicar la ley cuando corresponde aplicarla y, sobre todo, impedir que poderes políticos, económicos o criminales condicionen las decisiones públicas.
Quizá por eso aquella fue una de las frases políticamente más importantes del mensaje del sábado. Margarita González Saravia no dijo quién intenta intimidar a su gobierno. Y mientras ella misma no lo precise, nadie debería poner nombres en su boca. Pero después de revisar lo ocurrido durante los últimos meses, tampoco parece una expresión menor.
En política las palabras importan, pero el contexto importa todavía más. Y en el Morelos que entra de lleno a la disputa electoral de 2027, “nunca nos dejaremos intimidar por nadie” puede terminar siendo mucho más que una frase de informe. Puede convertirse en un compromiso contra el cual habrá que medir las decisiones de su gobierno durante los próximos meses.
