24ª ZONA MILITAR: QUE EL CAMBIO DE MANDO NO SEA SÓLO CAMBIO DE GENERAL
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Martes 6 de octubre de 2026
Durante varias décadas he visto desfilar por Cuernavaca a numerosos comandantes de la 24ª Zona Militar. Generales que llegan con hoja curricular impecable, discursos sobre coordinación, inteligencia y combate a la delincuencia; ceremonias de toma de posesión, fotografías con gobernadores, alcaldes y funcionarios; reuniones de seguridad y, finalmente, después de algunos meses o años, otra ceremonia para recibir al siguiente. Este lunes ocurrió nuevamente: el general brigadier de Estado Mayor José Manuel Guevara Castillo asumió como comandante interino de la 24/a Zona Militar en sustitución del general brigadier Juan José Montiel Maldonado, durante un acto efectuado en el 21/o Batallón de Infantería al que asistió la gobernadora Margarita González Saravia.
No pretendo meter a todos en el mismo costal. Sería injusto. Por Morelos han pasado mandos militares que entendieron perfectamente la responsabilidad que tenían enfrente, que se involucraron en tareas de inteligencia, conocieron el territorio, establecieron comunicación efectiva con las corporaciones civiles y aportaron información para enfrentar a grupos criminales. Pero también hemos tenido comandantes cuya presencia pública terminó siendo mucho más visible en ceremonias, reuniones y actos protocolarios que en resultados perceptibles frente a la delincuencia. Y ése es precisamente el riesgo de cada relevo: que cambien los nombres, los uniformes en la fotografía y los discursos, mientras sobre el terreno todo continúa igual.
Existe, además, un episodio imposible de borrar de la memoria de Morelos. El 19 de julio de 2011, el general Leopoldo Díaz Pérez fue removido de la comandancia de la 24ª Zona Militar y sustituido por el general de brigada Diplomado de Estado Mayor Sergio García Vera. El relevo ocurrió después de que un juzgado militar dictara auto de formal prisión contra dos integrantes del 21/o Batallón por los delitos que entonces se les imputaron en el caso de Jethro Ramsés Sánchez Santana, detenido el primero de mayo de aquel año y posteriormente asesinado. Días antes, el Congreso de Morelos había solicitado la destitución de Díaz Pérez.
Aquel caso fue todavía más grave porque antes de conocerse plenamente lo ocurrido, la propia comandancia encabezada por Díaz Pérez había informado oficialmente al Congreso local que la Zona Militar no contaba con datos sobre el paradero de Jethro. Después, las investigaciones alcanzaron a integrantes del 21/o Batallón y posteriormente al coronel José Guadalupe Arias Agredano, entonces comandante de esa unidad militar, procesado por su presunta participación en aquellos hechos. La historia terminó convirtiéndose en uno de los capítulos más oscuros relacionados con la actuación de militares en Morelos.
Han pasado quince años y las circunstancias son diferentes, pero hay una pregunta que sigue vigente: ¿qué esperamos realmente de un comandante de la 24ª Zona Militar? Desde luego, no que sustituya a las policías municipales, a la Policía Morelos o a la Fiscalía. Las responsabilidades jurídicas y operativas están claramente distribuidas. En la mayoría de los hechos violentos, los primeros respondientes seguirán siendo las corporaciones civiles. Ejército y Guardia Nacional funcionan dentro de esquemas de apoyo y coordinación y, por esa misma razón, muchas veces su presencia se advierte después de consumados los ataques.
Pero justamente ahí está el punto. Si Ejército y Guardia Nacional van a participar permanentemente en las mesas de seguridad, en patrullajes, operativos y estrategias contra los generadores de violencia, su principal aportación no debería medirse por cuántas camionetas militares aparecen después de una ejecución. El verdadero valor agregado de las Fuerzas Armadas tendría que estar antes del disparo: inteligencia, información, identificación de células, rutas, estructuras financieras, zonas de operación, vínculos y capacidad preventiva. Llegar después para acordonar, patrullar o reforzar una zona donde ya hubo muertos sirve, pero evidentemente no basta.
Y vale reconocer otra realidad que pocas veces se menciona. La Agencia de Investigación Criminal de la Fiscalía General del Estado, aun con sus conocidas limitaciones de personal, equipamiento y recursos, ha participado en numerosas investigaciones y detenciones de integrantes de grupos delictivos. Las policías estatal y municipales, con todas sus deficiencias, son además las que cotidianamente ponen los primeros elementos sobre el terreno. No tendría sentido, entonces, imaginar que la seguridad de Morelos depende exclusivamente del Ejército. Lo que sí resulta legítimo exigir es que una institución federal con recursos, estructura territorial, disciplina y capacidades de inteligencia aporte todo el peso que corresponde a esas capacidades.
Por eso la llegada del general José Manuel Guevara Castillo debe observarse más allá del protocolo. Su currículum ofrece elementos interesantes: ingresó al Ejército en 1986; ha encabezado unidades como el 4/o Batallón de Operaciones Especiales y el 8/o Regimiento de Artillería, se desempeñó en el Estado Mayor de la Defensa Nacional, fue agregado adjunto de Defensa Militar y Aéreo en la Embajada de México en Estados Unidos y viene de ejercer mando en Sonora.
Es una trayectoria respetable. Pero Morelos no necesita currículums colgados en la pared de la comandancia. Necesita resultados. Necesita saber si desde la 24ª Zona Militar existe un verdadero mapa de los grupos criminales que disputan Cuernavaca, Cuautla, Temixco, Jiutepec, Huitzilac, la zona sur y el corredor oriente; quiénes los encabezan, cómo se financian, dónde reclutan jóvenes, quiénes cobran extorsiones y cómo se mueven. Eso es inteligencia. Lo demás puede convertirse fácilmente en administración de la violencia después de ocurrida.
Cada nuevo comandante merece, por supuesto, el beneficio institucional de comenzar su gestión sin cargar automáticamente con los errores de quienes lo precedieron. Guevara Castillo no llega a responder por el pasado de la 24ª Zona Militar, sino a construir su propio balance. Pero tampoco llega a una entidad en paz. Recibe una responsabilidad en un estado donde la violencia criminal exige mucho más que presencia disuasiva y reuniones periódicas.
Ojalá que dentro de un año no estemos escribiendo nuevamente sobre convoyes militares llegando después de los homicidios, sobre operativos montados cuando los sicarios ya escaparon o sobre reuniones donde nuevamente se anuncia que habrá “mayor coordinación”. La coordinación es indispensable, pero cuando se repite durante años sin indicadores públicos suficientes termina convirtiéndose en una palabra burocrática.
El general José Manuel Guevara Castillo inicia una nueva etapa al frente de la 24ª Zona Militar. Bienvenido a Morelos. Hospitalidad encontrará de sobra y el clima de Cuernavaca seguirá siendo extraordinario. Lo que esta sociedad necesita de su nuevo comandante, sin embargo, no es que venga a disfrutar de ninguno de los dos. Necesita que venga a trabajar. Y que se note.

