IEBEM: CARLOS FRANCO LLEGA A UNA SILLA QUE QUEMA
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Martes 6 de octubre de 2026
Quienes hemos seguido durante décadas los asuntos educativos de Morelos sabemos que dirigir el Instituto de la Educación Básica del Estado de Morelos no ha sido nunca una encomienda sencilla. Por el contrario: la Dirección General del IEBEM es una de esas sillas del gobierno estatal que suelen quemar. Por ahí han pasado infinidad de funcionarios, algunos con mayor fortuna que otros y varios durante periodos sorprendentemente breves.
El IEBEM nació en 1992. Su origen se encuentra en el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, impulsado durante el gobierno del presidente Carlos Salinas de Gortari y suscrito el 18 de mayo de aquel año por el Gobierno Federal, los estados y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. En Morelos gobernaba Antonio Riva Palacio López. Como consecuencia de aquella descentralización educativa, el 10 de junio de 1992 fue publicado el Decreto 225 que creó formalmente al IEBEM como organismo público descentralizado.
Desde entonces, la institución quedó colocada en un punto particularmente sensible de la administración pública. El IEBEM no solamente administra escuelas: detrás de sus puertas confluyen maestros, directores, supervisores, trabajadores administrativos, plazas, promociones, incidencias laborales, recursos presupuestales, infraestructura, padres de familia y, desde luego, la representación sindical. Ahí radica buena parte de su enorme complejidad. Alrededor de 30 mil trabajadores del sector educativo de Morelos tienen relación con esta institución.
La relación con la poderosa Sección 19 del SNTE ha sido, según las circunstancias políticas de cada época, de cooperación, negociación, tensión y algunas veces de abierta confrontación. Actualmente la organización sindical es encabezada por Joel Sánchez Vélez, y durante la administración de Margarita González Saravia se ha procurado mantener una relación de colaboración. Hay ejemplos recientes: el reconocimiento de derechos laborales, la prima de antigüedad y los procesos de promoción horizontal.
Pero una cosa son las fotografías institucionales y otra la operación cotidiana del monstruo administrativo. Cada director del IEBEM termina descubriendo que gobernar esa institución requiere mucho más que conocimientos pedagógicos. Se necesita oficio político, capacidad de negociación, conocimiento de la estructura burocrática, sensibilidad frente al magisterio y, sobre todo, autoridad para evitar que los innumerables intereses internos terminen gobernando al director.
El relevo anunciado este martes por la gobernadora Margarita González Saravia confirma, nuevamente, la movilidad de esa oficina. Carlos Franco Ruiz sustituye a Raúl Aguirre Espitia, quien había llegado como encargado de despacho apenas el 29 de septiembre de 2025, tras la abrupta salida de Leandro Vique Salazar. Aguirre permaneció, por tanto, poco más de un año al frente del Instituto. El gobierno estatal no informó en el anuncio de este martes las razones de su salida, de manera que sería aventurado hablar de un cese mientras no exista una explicación oficial.
Y hay otro dato que vale recordar. Leandro Vique tampoco duró demasiado. Había asumido formalmente la Dirección General el 2 de octubre de 2024 y salió en septiembre de 2025. En aproximadamente dos años, entonces, el IEBEM habrá tenido tres responsables distintos: Vique, Aguirre y ahora Franco Ruiz. Eso habla, por sí mismo, de la dificultad que representa mantener estabilidad en una de las instituciones más grandes y políticamente sensibles del gobierno morelense.
Carlos Franco no llega completamente ajeno al terreno. Es licenciado en Ciencias Sociales y maestro en Educación por la UAEM; acumula más de dos décadas de experiencia docente, fue presidente municipal de Tlaquiltenango y hasta ahora encabezaba la representación de la Secretaría de Educación Pública federal en Morelos (que sirve para maldita la cosa en esta entidad). Además, durante los últimos meses apareció reiteradamente en actos públicos junto a las autoridades educativas estatales, el propio Raúl Aguirre y la dirigencia de la Sección 19. Es decir, conoce a los actores con quienes tendrá que sentarse a negociar desde el primer día.
Eso puede constituir una ventaja. Haber sido alcalde también significa haber conocido la negociación política fuera del ámbito estrictamente educativo. Porque el principal desafío de Franco Ruiz quizá no estará en comprender un programa pedagógico, sino en mantener los equilibrios entre la Secretaría de Educación estatal, el IEBEM, la SEP federal, la estructura magisterial y el SNTE, sin permitir que esa negociación permanente termine desplazando lo verdaderamente importante: la educación de los niños y adolescentes de Morelos.
El boletín oficial señala que la gobernadora le encomendó atender las necesidades de las escuelas y favorecer el aprendizaje mediante el diálogo con docentes, madres y padres de familia. Suena sencillo escrito en unas cuantas líneas. En la realidad es una encomienda gigantesca. El IEBEM administra un universo en el que cualquier problema laboral, una plaza, una escuela sin maestro, una protesta de padres de familia o una diferencia sindical puede escalar rápidamente hasta convertirse en conflicto político.
Por eso Carlos Franco Ruiz llega a uno de los despachos más complicados del Poder Ejecutivo. Su experiencia docente le ayudará; su paso por la administración municipal también; sus relaciones con la SEP y el magisterio pueden facilitarle el comienzo. Pero nada garantiza permanencias en una institución cuya historia demuestra precisamente lo contrario.
La silla del director general del IEBEM ha quemado a muchos.
Ahora le corresponde a Carlos Franco demostrar que puede sentarse en ella… y durar.
