LA SALIDA DE FRANCO RUIZ: CORREGIR SIN CEDER EL MANDO
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Sábado 10 de octubre de 2026
La salida de Carlos Franco Ruiz de la Dirección General del Instituto de la Educación Básica del Estado de Morelos (IEBEM), apenas unos días después de su nombramiento, deja varias lecturas políticas y administrativas que merecen atención. La primera es que su llegada encontró una resistencia mucho más fuerte de la prevista entre los trabajadores administrativos sindicalizados, quienes, con el respaldo de la Sección 19 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), encabezada por Joel Sánchez Vélez, mantuvieron una protesta que terminó por hacer insostenible el conflicto. Tres días de instalaciones tomadas, inconformidades acumuladas y negociaciones fueron suficientes para demostrar que el nombramiento había generado un problema de gobernabilidad dentro de una institución fundamental para el funcionamiento del sistema educativo estatal.
La segunda lectura tiene que ver con la respuesta del Ejecutivo. Aunque el comunicado oficial establece que Franco Ruiz decidió separarse voluntariamente del cargo, resulta evidente que el desenlace fue producto de las negociaciones sostenidas por las autoridades estatales con los inconformes. En este contexto, debe reconocerse la disposición de la gobernadora Margarita González Saravia para permitir una salida institucional a un conflicto que amenazaba con prolongarse. Gobernar también implica revisar decisiones y corregir el rumbo cuando las circunstancias lo justifican. Si el nombramiento de Franco Ruiz fue un error de cálculo político o administrativo, rectificar no debe interpretarse necesariamente como una muestra de debilidad. Por el contrario, mantener una designación únicamente para demostrar autoridad habría podido resultar mucho más costoso para la estabilidad del organismo.
Pero hay una tercera lectura, igualmente importante: que los trabajadores hayan conseguido su propósito no significa que ahora tengan derecho a imponer condiciones a quien llegue como relevo, mucho menos a colocar de rodillas al Poder Ejecutivo. La Sección 19 del SNTE, bajo el liderazgo de Joel Sánchez Vélez, tiene responsabilidades legítimas en la defensa de sus agremiados, pero también debe reconocer los límites de su intervención en las decisiones administrativas del gobierno. Una cosa es exigir respeto a los derechos laborales, denunciar irregularidades y reclamar perfiles adecuados para dirigir las instituciones, y otra muy distinta pretender que cualquier nombramiento deba contar con la aprobación previa de las organizaciones sindicales. El diálogo es indispensable, pero no puede convertirse en un mecanismo de veto permanente sobre las facultades legales de la autoridad.
Finalmente, el episodio debería servir como experiencia para todas las partes. Al Gobierno del Estado le corresponde evaluar cuidadosamente los perfiles, las trayectorias y las condiciones internas de las instituciones antes de efectuar nombramientos de esta naturaleza. A los trabajadores y a su representación sindical, asumir que la apertura al diálogo no equivale a una transferencia de autoridad. Y a quien próximamente ocupe la Dirección General del IEBEM, entender que llegará a una institución con problemas acumulados, tensiones laborales y enormes responsabilidades educativas. El desafío será recuperar la confianza sin aceptar imposiciones, ejercer el mando sin autoritarismo y construir acuerdos sin comprometer la autonomía de gestión. Porque una cosa es corregir una decisión que provocó inconformidad y otra, muy diferente, dejar sentado el precedente de que las presiones sindicales pueden determinar quién gobierna una institución pública.
