MORELOS: TRES FOCOS ROJOS
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 19 de octubre de 2026
Morelos llega a la segunda quincena de octubre con varios asuntos que merecen algo más que declaraciones oficiales, conferencias de prensa y promesas de solución. La inseguridad pública, los conflictos en el sector educativo y las dificultades económicas conforman un escenario que exige decisiones de fondo. No significa que toda la entidad esté paralizada ni que se haya perdido la gobernabilidad, como sugieren algunas versiones alarmistas difundidas desde la Ciudad de México. Sin embargo, tampoco podemos ignorar que existen problemas estructurales acumulados durante varias administraciones, cuyos efectos comienzan a manifestarse con mayor intensidad. Lo preocupante no es solamente la gravedad de ciertos acontecimientos, sino la facilidad con que ciertas autoridades, de distintos niveles, parecen acostumbrarse a administrar las crisis en lugar de prevenirlas.
PRIMER FOCO ROJO: LA SEGURIDAD. Los acontecimientos de Totolapan, la violencia persistente en Cuautla y los ataques contra unidades del transporte público en la región oriente obligaron a la presidenta Claudia Sheinbaum a intervenir nuevamente en los asuntos de Morelos. La mandataria federal dispuso fortalecer a las corporaciones estatales, incrementar la presencia de la Guardia Nacional y mejorar la identificación de los principales generadores de violencia. Pero hay una realidad que difícilmente podrá resolverse mediante operativos temporales: el enorme déficit de policías municipales y estatales frente a una población cercana a los dos millones de habitantes. Peor todavía, las denuncias sobre posibles vínculos entre agentes municipales y organizaciones criminales, como las formuladas recientemente en Cuautla, ponen sobre la mesa otro problema: no basta contratar más policías si antes no se garantiza que sean confiables. La Federación puede intervenir, pero los ayuntamientos no deben continuar evadiendo sus responsabilidades constitucionales.
SEGUNDO FOCO ROJO: LA EDUCACIÓN. Lo ocurrido en el Instituto de la Educación Básica del Estado de Morelos (IEBEM) constituye una advertencia sobre las consecuencias de nombramientos insuficientemente evaluados y conflictos laborales que terminan afectando el funcionamiento institucional. La fugaz llegada de Carlos Franco Ruiz a la dirección general desató inconformidades que desembocaron en su salida, mientras permanecía sin resolverse el problema de los docentes afectados por la disminución de 20 puntos en el proceso de Promoción Horizontal. Ahora, bajo la responsabilidad del encargado de despacho Jorge Alberto Trejo Chávez, se alcanzaron acuerdos que permitirán reanudar las actividades administrativas este lunes 19 de octubre. Bien por el diálogo, pero sería un error considerar superada la crisis. Es indispensable revisar tanto los procedimientos de promoción como los mecanismos utilizados para designar funcionarios en organismos tan sensibles. La educación de miles de niños morelenses no puede quedar atrapada entre disputas sindicales, decisiones políticas y deficiencias administrativas.
TERCER FOCO ROJO: LA ECONOMÍA. Mientras buena parte de la atención pública se concentra en la violencia, sus consecuencias económicas comienzan a cobrar una factura considerable. El caso de Jardines de México, cuyos responsables reportaron una disminución superior al 50 por ciento en visitantes y un recorte de 30 por ciento de su personal, representa una señal preocupante para el turismo y el empleo. A esto se agregan las dificultades de comerciantes y prestadores de servicios en Cuautla y otros municipios del oriente, donde la inseguridad altera actividades productivas y desalienta inversiones. Y como si faltaran problemas, las finanzas estatales enfrentan una presión creciente por las obligaciones pensionarias, cuyo costo anual podría alcanzar entre 12 mil y 14 mil millones de pesos hacia 2030, de acuerdo con estimaciones de la Secretaría de Administración y Finanzas. Estamos hablando de desafíos que requieren planeación presupuestal, transparencia y decisiones oportunas, no soluciones improvisadas cuando las cuentas comiencen a resultar insostenibles.
Estos tres grandes asuntos tienen un denominador común: la necesidad de fortalecer las instituciones antes de que los problemas terminen por rebasarlas. Sería injusto atribuir a la administración de Margarita González Saravia todos los rezagos acumulados durante décadas, pero también sería equivocado eximirla de la responsabilidad de enfrentarlos con determinación. Lo mismo puede decirse de los alcaldes, legisladores y funcionarios federales involucrados en las soluciones. Morelos no necesita que desde fuera se le describa permanentemente como un territorio en llamas, ni que desde dentro se pretenda convencer a sus habitantes de que todo marcha satisfactoriamente. Necesita policías suficientes y confiables, instituciones educativas estables y condiciones económicas que permitan recuperar la confianza de inversionistas, trabajadores y familias. Porque, al final, la gobernabilidad no se demuestra con discursos tranquilizadores, sino con instituciones capaces de resolver problemas antes de que se conviertan en crisis.
