Se extiende la inconformidad policial en Morelos: ahora protestan agentes de Jiutepec por bajos salarios y falta de prestaciones
La inconformidad entre las corporaciones policiacas municipales de Morelos comienza a extenderse y a convertirse en un problema de mayor dimensión para los ayuntamientos, precisamente cuando la entidad enfrenta una delicada situación de inseguridad y los gobiernos locales se aproximan al cierre del ejercicio fiscal 2026, con crecientes restricciones presupuestales. Este miércoles 21 de octubre, policías municipales de Jiutepec se manifestaron en las instalaciones de Seguridad Pública para exigir homologación salarial, mejores condiciones laborales y acceso efectivo a servicios médicos y seguridad social.
Los uniformados de Jiutepec denunciaron percepciones quincenales que oscilan aproximadamente entre 4 mil 600 y 6 mil 300 pesos, además de deficiencias en la atención médica, pues aseguran que dependen de clínicas particulares sin servicios especializados suficientes. Advirtieron que mantendrán su protesta mientras esperan una respuesta de las autoridades municipales, aunque señalaron que continúan atendiendo servicios prioritarios para no dejar desprotegida a la población. La situación cobra especial relevancia por las limitaciones operativas de una corporación que, según los propios inconformes, dispone de aproximadamente 20 elementos para patrullaje por turno.
El movimiento no constituye un hecho aislado. El pasado 12 de octubre, policías de Cuernavaca se manifestaron para exigir incrementos salariales, lo que posteriormente derivó en la aprobación de un nuevo tabulador de remuneraciones por parte del Cabildo capitalino. Apenas ayer, martes 20, alrededor de 87 policías de Xochitepec suspendieron labores para reclamar homologación de sueldos y servicios médicos. También se han reportado inconformidades similares en Totolapan. Así, lo que adquirió notoriedad inicialmente en Cuernavaca comienza a configurar una cadena de reclamos laborales que exhibe las diferencias salariales entre municipios y las dificultades para garantizar condiciones mínimas de bienestar a quienes tienen encomendada la seguridad pública.
La gravedad del fenómeno radica en su coincidencia con dos circunstancias particularmente sensibles: la necesidad de fortalecer las corporaciones municipales frente a la delincuencia y la proximidad del cierre financiero del año, cuando los ayuntamientos deben cubrir nóminas, prestaciones y compromisos presupuestales, con márgenes cada vez más estrechos para realizar ajustes extraordinarios. Las exigencias de los policías colocan sobre la mesa un problema estructural que no podrá resolverse únicamente mediante negociaciones aisladas: la necesidad de revisar los esquemas de financiamiento, homologación salarial, seguridad social y profesionalización de las corporaciones. De prolongarse las inconformidades, existe el riesgo de que la insuficiencia de personal y las dificultades presupuestales terminen afectando la capacidad de respuesta de las instituciones encargadas de proteger a los morelenses.
