¡LA NEGLIGENCIA TAMBIÉN QUEMA!
OPINIÓN
Viernes 30 de octubre de 2026
Por Guillermo Cinta Flores
Lo ocurrido en una escuela secundaria de Huasca de Ocampo, Hidalgo, donde una estudiante identificada como Zaira sufrió graves quemaduras al incendiarse su disfraz de catrina durante un festival del Día de Muertos, debería provocar algo más que indignación. Tendría que sacudir las conciencias de quienes tienen bajo su responsabilidad la seguridad de millones de estudiantes mexicanos. ¿A quién se le ocurrió permitir veladoras encendidas cerca de un vestuario confeccionado con hojas secas de tamal? ¿Dónde quedaron los protocolos de Protección Civil? ¿Quién supervisó aquella celebración? Ahora, como sucede casi siempre, aparecen los comunicados oficiales lamentando los hechos, ofreciendo acompañamiento a los familiares y prometiendo investigaciones. ¡Qué facilidad tienen algunas autoridades para expresar solidaridad después de que la desgracia se ha consumado! Lo verdaderamente importante era evitar que aquella adolescente terminara envuelta en llamas.
La Secretaría de Educación Pública de Hidalgo asegura que existen disposiciones que prohíben utilizar fuego durante las actividades escolares. Entonces, algo evidentemente falló. No podemos anticipar responsabilidades individuales sin una investigación, pero sí señalar la enorme distancia entre los reglamentos escritos y su cumplimiento cotidiano. Y aquí viene lo que más nos interesa: ¿qué están haciendo las autoridades educativas de Morelos para impedir que una tragedia semejante ocurra en nuestras escuelas? El IEBEM, la Secretaría de Educación y las autoridades de Protección Civil deberían revisar de inmediato las condiciones en que se realizan los festivales escolares. No se trata de cancelar tradiciones ni de prohibir los altares de muertos, sino de aplicar el sentido común, eliminar riesgos innecesarios y comprender que ninguna celebración justifica poner en peligro la vida de un estudiante.
Porque hay algo verdaderamente irritante en esta clase de acontecimientos: mientras las autoridades prometen acompañamiento institucional, las familias terminan enfrentando el sufrimiento, los gastos médicos y las consecuencias de una tragedia que probablemente pudo evitarse. En el caso de Zaira, sus familiares incluso han solicitado apoyo económico. ¿De qué sirven entonces tantos protocolos, cursos, supervisiones y estructuras burocráticas? La prevención no debería comenzar cuando aparecen las ambulancias ni cuando las imágenes del accidente se vuelven virales. Morelos tiene frente a sí una advertencia que sería imperdonable ignorar. Ojalá Zaira se recupere, pero también ojalá que su sufrimiento sirva para recordarles a nuestras autoridades que la seguridad de los alumnos no se garantiza mediante boletines de prensa. Se garantiza evitando accidentes. Así de sencillo. Así de contundente.
