La basura que se convierte en humo: Morelos enfrenta una amenaza ambiental y sanitaria
La quema de desechos domésticos, principalmente en comunidades rurales, representa un problema de salud pública que se agrava por las deficiencias municipales en la recolección y disposición final de residuos. En Morelos, las autoridades han reconocido una crisis en el manejo de la basura.
La quema de basura a cielo abierto se ha convertido en una preocupante fuente de contaminación ambiental en México, particularmente en las comunidades rurales donde los servicios de recolección son insuficientes. Morelos no escapa a esta problemática, que combina prácticas domésticas perjudiciales, tiraderos irregulares y limitaciones de los ayuntamientos para garantizar un manejo adecuado de los residuos sólidos.
De acuerdo con información publicada por Excélsior, con base en datos del INEGI, más de 3.4 millones de viviendas mexicanas queman habitualmente su basura, equivalentes al 8.65 por ciento del total nacional. La situación es considerablemente más grave en las localidades con menos de 2 mil 500 habitantes, donde el 35.41 por ciento de los hogares recurre al fuego para deshacerse de sus desperdicios, mientras solamente el 55.69 por ciento dispone de recolección mediante camiones o carritos.
En Morelos existen antecedentes que confirman la dimensión local del problema. El Diagnóstico Estatal de Salud 2022, elaborado por los Servicios de Salud de Morelos con información del INEGI, establecía que el 3.2 por ciento de las viviendas de la entidad eliminaba sus residuos mediante la quema, mientras el 93.9 por ciento contaba con recolección domiciliaria. Aunque estas cifras corresponden a un periodo anterior, constituyen una referencia para evaluar la evolución del fenómeno.
La situación se agrava por las deficiencias en el destino final de los desperdicios. En enero de 2025, el secretario de Desarrollo Sustentable de Morelos, Alan Dupré Ramírez, reconoció públicamente que la entidad enfrentaba una crisis en la gestión de residuos. Informó entonces sobre la clausura de seis tiraderos a cielo abierto y anunció modificaciones en los sistemas de disposición de basura de 18 municipios. Entre los casos señalados destacó Huitzilac, donde funcionaba un basurero irregular que registraba incendios de grandes proporciones.
Otro dato que permite dimensionar el problema fue divulgado en febrero de 2025 por investigadores que estimaron la generación diaria de aproximadamente mil 841.5 toneladas de residuos sólidos en Morelos. El estudio advirtió que la infraestructura disponible resultaba insuficiente y que numerosos municipios recurrían a sitios de disposición sin controles ambientales adecuados, con riesgos para los suelos, el agua y las comunidades cercanas.
El humo producido por la combustión de basura no es inofensivo. Cuando se queman plásticos, empaques, textiles y otros materiales mezclados con residuos orgánicos, pueden liberarse partículas finas y compuestos tóxicos que afectan las vías respiratorias. La exposición representa riesgos especialmente importantes para niñas, niños, personas adultas mayores y quienes padecen enfermedades respiratorias o cardiovasculares. Además, una quema aparentemente menor puede propagarse hacia terrenos baldíos, pastizales o áreas forestales.
El problema tampoco se limita a las comunidades apartadas. En zonas urbanas y suburbanas de Morelos, la disposición clandestina de desperdicios en barrancas, lotes baldíos y espacios naturales constituye otro desafío ambiental. De hecho, documentos oficiales del gobierno estatal han reconocido tanto las dificultades económicas de los municipios para recolectar y disponer correctamente de la basura como los riesgos de incendios y contaminación asociados con sitios que carecen de medidas suficientes de control.
A escala nacional, el panorama es todavía más preocupante. El diagnóstico federal de residuos correspondiente a 2026, citado en el análisis de Excélsior, señala que México genera alrededor de 139 mil 902 toneladas diarias de residuos sólidos urbanos, de las cuales apenas cinco por ciento recibe algún tratamiento. El mismo documento identifica 2 mil 250 sitios de disposición final, pero solamente 52 cumplen los criterios adecuados de operación como rellenos sanitarios.
En Morelos, el reto consiste en pasar de las clausuras y los anuncios institucionales a soluciones permanentes. Es necesario actualizar las cifras municipales de viviendas que queman basura, identificar las comunidades sin cobertura regular de recolección y transparentar los resultados de las medidas anunciadas durante 2025. La responsabilidad no puede trasladarse exclusivamente a los ciudadanos cuando existen localidades que carecen de alternativas suficientes para eliminar sus desperdicios.
La quema de basura debe entenderse como un problema de salud pública y de desigualdad territorial, no solamente como una falta de cultura ambiental. Mientras los municipios no garanticen servicios eficientes de recolección, separación, aprovechamiento y disposición final, numerosas familias continuarán recurriendo a prácticas que deterioran el aire que respiran. En Morelos, donde también existe presión sobre barrancas, áreas naturales y recursos hídricos, mantener esta problemática sin soluciones de fondo significa permitir que una crisis de servicios públicos se transforme en un daño ambiental cada vez mayor.
