LA FORMACIÓN DEL DELINCUENTE: POR QUÉ RESISTIRSE A UN ASALTO ARMADO PUEDE SER LETAL EN MÉXICO (VIDEO)
ANÁLISIS
Por Guillermo Cinta Flores
Martes 13 de enero de 2026
En un mundo donde la violencia se normalizó en muchas regiones de México, un video viralizado este lunes nos recuerda la crudeza de la delincuencia organizada. Ocurrió en la taquería “El Asadito”, en Amozoc de Mota, Puebla —una zona no tan lejana de Morelos, conectada por carreteras federales que bien conocemos—. Tres sujetos armados irrumpieron en la madrugada del sábado 10 de enero, exigiendo dinero y pertenencias. En menos de un minuto, robaron alrededor de 20 mil pesos, celulares y objetos de valor.
Pero lo que empezó como un asalto “rutinario” escaló a homicidio cuando un comensal se resistió: forcejeó con uno de los delincuentes, quien, sin titubear, le disparó varias veces en el tórax, cuello y rostro, causándole la muerte instantánea. Su acompañante resultó herido y fue hospitalizado. Los agresores huyeron impunes, y hasta ahora, la Fiscalía de Puebla no reporta detenciones.
Este trágico evento, captado por cámaras de seguridad y difundido en redes como YouTube y X, no es un caso aislado. En Morelos, hemos visto patrones similares: asaltos a taquerías, tiendas y transporte público que terminan en balaceras cuando las víctimas intentan defenderse.
Quiero retomar aquí mi columna del 4 de septiembre de 2025, titulada “LA FORMACIÓN DE UN DELINCUENTE: ¿QUÉ ELEMENTOS INTERVIENEN?”, donde analicé la investigación “El crimen como oficio: una interpretación del aprendizaje del delito en Colombia”, de Isaac de León Beltrán y Eduardo Salcedo Albarán, de la Fundación Método. Seis años después de su publicación original (y adaptada a nuestra realidad mexicana), esta teoría explica con precisión por qué los criminales de hoy actúan con tal frialdad y determinación.
LA TEORÍA APLICADA: UN DELINCUENTE NO NACE, SE FORMA
El estudio plantea que el delito no es un impulso espontáneo, sino un “oficio” que requiere preparación sistemática. Tres componentes clave intervienen en la formación de un delincuente efectivo:
Componente Cognitivo: Conocimientos técnicos para ejecutar el crimen con éxito. En el video de Amozoc, vemos esto en acción: los asaltantes entran coordinados, con chamarras, gorras y cubrebocas para ocultar identidades; actúan rápido (menos de 40 segundos), priorizando la caja registradora y objetos de valor. No son novatos; saben cómo intimidar, registrar y huir sin dejar rastros. En Morelos, esto se replica en asaltos a Oxxos o microbuses, donde los criminales usan rutas de escape preplaneadas y armas de calibre alto.
Componente Volitivo: La voluntad decidida de delinquir, sin remordimientos. Aquí radica el peligro: estos individuos van “decididos a todo, hasta a perder la vida”, como menciono en mi columna anterior. En el caso de Puebla, el victimario no duda en disparar ante la resistencia; es una decisión calculada, no un arrebato. La teoría señala que esta voluntad se forja desde la adolescencia —hoy, en México, el reclutamiento inicia incluso antes de los 16 años, con carteles ofreciendo “trabajos” a jóvenes vulnerables en zonas como Cuernavaca o Jiutepec. En 2025, Morelos registró un aumento en ejecuciones de menores de 21 años, muchos “entrenados” en esta mentalidad de “todo o nada”.
Componente de Control Emotivo: La capacidad de regular emociones en situaciones de alto riesgo. El asaltante en el video no entra en pánico ante el forcejeo; responde con precisión letal. Carecer de este control hace a un delincuente “malo” —propenso a errores—, pero los que sobreviven lo dominan a la perfección. En México, esto se agrava por el contexto: la impunidad (más del 90 por ciento de delitos sin resolver) y la influencia de la delincuencia organizada fomentan esta “profesionalización”.
Desde 2019, cuando cité que la edad promedio de inicio era de 16-17 años, el panorama ha empeorado. En Morelos, el reclutamiento se intensificó con la presencia de grupos como el CJNG o Los Tlacos, bajando la edad a 14-15 años en comunidades marginadas. No es casualidad que veamos más jóvenes armados en balaceras o asaltos; son productos de un sistema que los “capacita” para ver el crimen como un oficio rentable.
LA LECCIÓN AMARGA: NO RESISTIRSE, LA MEJOR PREVENCIÓN
Lo peor que puede hacer una víctima es poner resistencia o pretender enfrentarse a estos criminales. En el video, el comensal reclama y forcejea —un acto instintivo de defensa—, pero ante un delincuente formado, esto equivale a firmar su sentencia. Los expertos en criminología coinciden: entregar lo material salva vidas, ya que estos individuos operan bajo la premisa de “control total o eliminación”. En un proceso de prevención, es crucial que las posibles víctimas sepan esto: mantén la calma, coopera mínimamente y alerta a autoridades después.
En Morelos, campañas como las de la Secretaría de Seguridad Pública deberían enfatizar esto, junto con medidas como videovigilancia en negocios y patrullajes en carreteras. Pero no todo recae en las víctimas; las autoridades deben actuar. La Fiscalía de Puebla investiga, pero ¿cuántos casos similares en Morelos quedan en el olvido? Necesitamos políticas que desmantelen estas “escuelas del crimen”: programas educativos para jóvenes en riesgo, combate a la pobreza y mayor inteligencia policial contra el reclutamiento.
En resumen, la formación de un delincuente es un proceso deliberado que produce máquinas de violencia. El asalto en Amozoc no es solo una noticia viral; es un espejo de nuestra realidad en Morelos y México. Aprendamos de él: la resistencia heroica en películas es ficción; en la vida real, prioriza tu supervivencia. Hasta la próxima, cuídense.
