BOOM MOTERO EN MÉXICO: DEMOCRATIZA LA MOVILIDAD… Y MULTIPLICA LAS TUMBAS
El boom de las motocicletas en las ciudades mexicanas no es solo un cambio en la movilidad: es un espejo crudo de la desigualdad persistente y de la precariedad laboral que aún define a millones de mexicanos.
En la última década, el parque de motocicletas en el país se disparó de forma impresionante. En la Ciudad de México, por ejemplo, las unidades registradas pasaron de unas 210 mil en 2014 a más de 737 mil en 2024, un crecimiento de 3.5 veces en apenas diez años. A nivel nacional, las cifras del INEGI y la AMFIM indican que ya circulan cerca de 9 millones de motos, y 7 de cada 10 vendidas en años recientes se destinan a trabajo, sobre todo en el reparto a domicilio que explotó tras la pandemia.
Este fenómeno democratiza, en apariencia, la movilidad: una moto de baja cilindrada cuesta una fracción de un auto, consume mucho menos combustible y permite sortear el tráfico infernal de las metrópolis. Para cientos de miles de personas —muchas de periferias, con ingresos medios-bajos o precarios— representa la diferencia entre llegar a tiempo a un empleo o perderlo, entre generar un ingreso extra o quedarse sin opciones.
Pero este “avance” tiene un costo humano inaceptable. Los motociclistas se han convertido en el grupo más vulnerable de las calles mexicanas. En la Ciudad de México, según los reportes trimestrales de la Semovi, entre enero y septiembre de 2025 murieron 155 motociclistas en hechos de tránsito, representando cerca del 47.5 por ciento de las 326 víctimas fatales totales en ese periodo. La proporción ha escalado dramáticamente: en 2019 eran el 21 por ciento de los fallecidos; en 2025, casi la mitad. A nivel nacional, los siniestros con motos aseguradas crecieron un 40 por ciento entre 2023 y 2025, con más de 11,500 casos reportados solo en ese último año.
La principal causa no es el volumen de motos en sí, sino la imprudencia combinada con la vulnerabilidad inherente del vehículo: exceso de velocidad, no usar casco, circular entre carriles o en contraflujo, falta de experiencia (muchos son conductores primerizos o repartidores presionados por tiempos de entrega). Los derrapes —sin colisión con otro auto— ya explican una parte significativa de las muertes.
¿Es este auge un signo de empobrecimiento generalizado? No exactamente. La medición más reciente del INEGI (agosto 2025, con datos de 2024) muestra que la pobreza multidimensional bajó a 29.6 por ciento de la población —el nivel más bajo de la serie desde 2016—, con millones saliendo de la pobreza gracias a mejoras salariales, transferencias sociales y crecimiento económico. Sin embargo, la desigualdad persiste: el 10 por ciento más rico acapara más del 30 por ciento del ingreso nacional, mientras el 10 por ciento más pobre apenas recibe el 2 por ciento. Y en el corazón de esta brecha está la precariedad laboral: empleos informales, plataformas digitales mal pagadas, necesidad de ingresos flexibles y rápidos.
Las motos no reflejan un país más pobre en términos absolutos, sino uno con desigualdad estructural y oportunidades limitadas para amplios sectores. Son la herramienta de supervivencia de quienes no acceden a empleos formales estables, a transporte público eficiente o a un automóvil. Son, en esencia, un síntoma de adaptación resiliente ante un sistema que no genera suficiente empleo de calidad.El verdadero reto es doble: preservar los beneficios de esta revolución motera —velocidad, accesibilidad, ingreso para miles— mientras se frena la hemorragia de vidas. Urgen campañas masivas de educación vial, fiscalización estricta (multas reales por no usar casco o exceso de velocidad), infraestructura adecuada (carriles exclusivos, mejores señalizaciones), capacitación obligatoria para repartidores y una cultura de responsabilidad compartida entre conductores, plataformas y autoridades.Porque si las motocicletas siguen siendo sinónimo de precariedad y muerte, no estaremos avanzando: solo estaremos cambiando el modo en que la desigualdad cobra factura. Y esa factura, lamentablemente, se mide en vidas humanas.
