NOROÑA, EL GOLPEADOR QUE SE VOLVIÓ MIRREY: DE LA CALLE AL LUJO, LA DEGRADACIÓN DE UN SÍMBOLO DE LA 4T
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Miércoles 14 de enero de 2026
Gerardo Fernández Noroña irrumpió en la política mexicana como un torbellino de la izquierda combativa: el hombre que se tiraba a las calles, bloqueaba avenidas, gritaba contra el neoliberalismo y defendía a los de abajo con una retórica incendiaria que parecía auténtica. Era el rebelde que usaba el Metro como trinchera y los tianguis como foro, el que en 2006 dormía en el asfalto para protestar contra el fraude electoral.
Su estilo belicoso —insultos directos, interrupciones furiosas, confrontaciones sin filtro— lo convirtió en un arma útil para la Cuarta Transformación (4T). Un “golpeador” parlamentario, un “porro” ideológico dispuesto a distraer, polarizar y atacar a la oposición mientras el liderazgo central avanzaba reformas sin el desgaste directo.
Como bien recordaba el inolvidable gobernador de Morelos, Lauro Ortega Martínez (1982-1988), sobre un operador leal y sin escrúpulos: “Si le digo a Navarro que vaya y le miente la madre a Zapata en su tumba, va y lo hace”. Noroña encajaba en ese molde: leal hasta el extremo, belicoso por naturaleza, útil para tareas “sucias”.
En el Senado, exhibía a diputados priistas como “golpeadores”, pero él mismo protagonizaba trifulcas físicas (como el pleito con “Alito” Moreno en 2025) y agresiones verbales que revictimizaban a viudas o periodistas. Su rol era claro: generar ruido, movilizar bases y deslegitimar rivales.
Pero el poder transforma, y Noroña no fue la excepción. De plebeyo contestatario pasó a cortesano privilegiado. Viajes a Dubái y Roma financiados con “solidaridad” ajena o recursos propios inexplicables, regresos en cabinas Premier One de Aeroméxico (asientos que se convierten en cama, con costos que rondan los 100 mil pesos), paseos por centros comerciales exclusivos como La Rinascente, y hasta un retrato oficial en el Senado por 27 mil pesos develado este 13 de enero, justo tras bajar de esos vuelos de lujo.
Mientras predica austeridad republicana y defiende causas populares, acumula incongruencias: una casa de 12 millones de pesos, relojes caros y un historial legislativo raquítico (solo una iniciativa aprobada en una década).
El escándalo reciente en Roma —donde fue confrontado por un ciudadano que lo llamó “corrupto” y “defensor de Maduro”, respondiendo con gritos, un golpe al celular y la intervención agresiva de su pareja— resume la paradoja. Noroña niega agresiones, acusa “acoso” e “intriga” de medios y opositores, pero las imágenes hablan solas: un senador que viaja en primera clase mientras critica a la élite, que defiende la austeridad pero vive privilegios, que ataca la doble moral ajena mientras acumula la propia.
Hoy, su prestigio se ha erosionado para amplios sectores: de símbolo de la revancha popular a ejemplo de la degradación del movimiento que juró redimir. La 4T prometió cambiarlo todo, pero Noroña cambió… para quedarse igual que los de antes. Es la metáfora perfecta de un régimen que, en nombre de los de abajo, terminó abrazando los vicios de los de arriba: lujo, soberbia y cinismo. El golpeador se volvió mirrey, y la transformación, un espejismo. Y atención ciudadanos de Morelos: inmerso en el cinismo que hoy lo caracteriza, no descartemos la terrible posibilidad de que Noroña busque ser candidato a la gubernatura de Morelos en las elecciones de 2030. Dios nos tome confesados.
