La visita de Kash Patel: una oportunidad para la cooperación antinarco
La inminente llegada de Kash Patel, director del FBI, a México representa un paso muy relevante en la reconfiguración de las relaciones bilaterales bajo la administración de Donald Trump. En un contexto de tensiones por el tráfico de fentanilo y la amenaza de intervenciones unilaterales, esta visita busca profundizar el intercambio de inteligencia entre ambos países.
Basado en revelaciones periodísticas recientes, Patel no viene a imponer agendas invasivas, sino a fortalecer mecanismos de colaboración que han existido por décadas, evitando así escaladas innecesarias que podrían dañar la soberanía mexicana.
El foco principal de las reuniones será la coordinación contra los líderes de alto nivel de los cárteles, conocidos como “peces gordos”. Siguiendo el precedente de su encuentro en marzo de 2025 con Omar García Harfuch, secretario de Seguridad mexicano, se espera que Patel comparta datos estratégicos para operativos conjuntos. Esto incluye información sobre rutas de drogas, financiamiento ilícito y redes transfronterizas, todo sin involucrar tropas estadounidenses en suelo mexicano.
La hipocresía criticada en el sexenio de AMLO, donde se minimizaba la cooperación mientras se mantenía en la sombra, podría disiparse con un enfoque más transparente bajo el gobierno de Claudia Sheinbaum. Históricamente, funcionarios de este calibre han visitado México para fines similares, desde la era de la Iniciativa Mérida hasta acuerdos más recientes.
La coordinación siempre ha sido una constante, incluso en periodos de retórica nacionalista, porque beneficia a ambos lados: México gana herramientas para combatir la violencia interna, y EE.UU. reduce el flujo de estupefacientes.
Los temores de la 4T parecen exagerados, ya que esta visita no altera el principio de no intervención, sino que lo refuerza mediante diálogos bilaterales, como la reunión programada en Washington para finales de enero.
En última instancia, la presencia de Patel podría marcar el inicio de una fase más efectiva en la lucha contra el crimen organizado, siempre que México demuestre resultados concretos. Si se aprovecha bien, esta colaboración podría desactivar presiones mayores de Trump y abrir puertas a negociaciones económicas favorables.
No es momento para alarmas infundadas, sino para una diplomacia pragmática que reconozca la interdependencia entre vecinos.
