Jiutepec: la fosa común de la impunidad en la Zona Metropolitana de la capital morelense
En la colonia La Rosa de Jiutepec, un agente de la Agencia de Investigación Criminal fue acribillado a balazos por sicarios en motocicleta, mientras su compañero resultó herido de gravedad, en un ataque que expone la podredumbre criminal que carcome este municipio colindante con Cuernavaca.
Los asesinos, como de costumbre, huyeron impunemente, dejando tras de sí un rastro de sangre y un despliegue policiaco tan inútil como tardío.
Este no es un incidente aislado, sino el último clavo en el ataúd de una zona metropolitana donde la muerte acecha en cada esquina, y las autoridades municipales parecen más interesadas en organizar fiestas que en combatir el caos.
Jiutepec se ha consolidado como un auténtico sitio criminógeno, una guarida de delincuentes donde la impunidad reina suprema gracias a la complicidad y el abandono de quienes deberían proteger a la ciudadanía. Diariamente, asaltos a mano armada, extorsiones a pequeños comercios y disputas entre grupos del crimen organizado convierten las calles en campos de batalla.
En la zona metropolitana de Cuernavaca, este municipio no es solo un vecino problemático, sino un foco infeccioso que contamina toda la región, donde la violencia no discrimina entre policías, civiles o hasta los propios sueños de una vida digna.
El alcalde Eder Rodríguez y su administración viven en una burbuja de negación, promoviendo eventos como el Carnaval 2026 con boletos que cuestan hasta 10,000 pesos, mientras el salario promedio de los jiutepequenses apenas alcanza para sobrevivir. Peor aún, invitan a artistas que glorifican narcocorridos, fomentando el alcohol y las drogas en un contexto de vulnerabilidad extrema.
Esta insensibilidad política no es negligencia; es traición pura, un negocio jugoso a costa de un pueblo asediado por el crimen, donde la prevención del delito brilla por su ausencia y la juventud se pierde en las garras de la delincuencia.
Es hora de que las autoridades estatales y federales intervengan con mano firme en Jiutepec, antes de que esta mancha criminal engulla por completo la zona metropolitana de Cuernavaca.
Los vecinos claman por seguridad real, no por espectáculos vacíos. Si no se actúa ya, Jiutepec no será solo un sitio grave de crimen, sino el epitafio de una sociedad abandonada a su suerte, donde la impunidad no es excepción, sino la regla que dicta el terror cotidiano.
