La forma en que se mueve la superficie de la Tierra tiene un impacto mayor en el cambio climático de lo que sabíamos
El artículo de The Conversation, titulado “The way Earth’s surface moves has a bigger impact on shifting the climate than we knew” (La forma en que se mueve la superficie de la Tierra tiene un impacto mayor en el cambio climático de lo que sabíamos), explora cómo los movimientos tectónicos de las placas han influido de manera significativa en el clima global a lo largo de la historia geológica.
Tradicionalmente, los científicos han atribuido las variaciones climáticas extremas —entre periodos de “invernadero” cálidos y “casa de hielo” fríos— principalmente a las fluctuaciones en el dióxido de carbono atmosférico. Sin embargo, esta nueva investigación revela que el origen y el control de ese carbono son mucho más complejos, y que el movimiento de las placas tectónicas juega un rol clave y subestimado.
El estudio destaca que no solo las zonas de convergencia de placas (donde se forman arcos volcánicos) liberan CO₂ al derretir rocas profundas, sino que las áreas donde las placas se separan —como las dorsales oceánicas de expansión y los rift continentales— han sido históricamente más importantes en la emisión de carbono a la atmósfera durante gran parte del tiempo geológico. Los océanos actúan como un gran sumidero de CO₂, convirtiéndolo en sedimentos ricos en carbono en el fondo marino. Estos sedimentos viajan con las placas tectónicas y, al llegar a zonas de subducción, pueden reciclarse hacia el interior terrestre o liberarse nuevamente como CO₂, formando parte del “ciclo profundo del carbono”.
Utilizando modelos computacionales que reconstruyen el movimiento de las placas durante los últimos 540 millones de años, los investigadores predijeron con precisión los periodos de clima cálido (invernadero) y frío (casa de hielo). En épocas de invernadero, la liberación de carbono superaba el secuestro en los océanos, elevando los niveles de CO₂ y calentando el planeta. En contraste, durante las eras frías, el secuestro de carbono en sedimentos oceánicos dominaba, reduciendo el CO₂ atmosférico y favoreciendo el enfriamiento. Esto subraya el papel crucial de los sedimentos del fondo marino profundo en la regulación del clima a escalas geológicas.
Un hallazgo importante es que el predominio de las emisiones de CO₂ desde los arcos volcánicos solo se volvió significativo en los últimos 120 millones de años. Esto coincide con la evolución y expansión de los calcificadores planctónicos (organismos microscópicos marinos que convierten carbono disuelto en calcita), los cuales generaron enormes cantidades de sedimentos carbonatados en el fondo oceánico. Antes de esa evolución (hace unos 150-200 millones de años), las emisiones desde dorsales oceánicas y rift continentales fueron las principales fuentes de carbono atmosférico.
En conclusión, el estudio ofrece una nueva visión del ciclo del carbono: el clima no depende solo del CO₂ atmosférico, sino del delicado equilibrio entre las emisiones superficiales impulsadas por la tectónica de placas y el secuestro en sedimentos oceánicos. Esta perspectiva de “tiempo profundo” es valiosa para mejorar los modelos climáticos futuros y comprender mejor cómo los procesos naturales terrestres interactúan con la actividad humana actual en el contexto del calentamiento global antropogénico.
