PÉSIMOS PERSONAJES EN UNIFORMES O SIN ELLOS: EL CONTROL DE CONFIANZA QUE NO FILTRA LO PEOR
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Viernes 23 de enero de 2026
A pesar de los cuantiosos recursos federales y estatales destinados al sistema de control y confianza —evaluaciones psicológicas, poligrafía, pruebas toxicológicas y socioeconómicas que en teoría deberían blindar las corporaciones policiales—, el caso de Rodrigo Flores Ramírez en Atlatlahucan ilustra una realidad incómoda: siguen llegando a puestos clave personajes con perfiles cuestionables o actitudes que erosionan la confianza ciudadana.
El ahora ex titular de Seguridad Pública y Tránsito renunció tras ser captado conduciendo una patrulla oficial vestido de civil, con un aspecto que más evocaba caricaturas del hampa que a un mando institucional, y acompañado de una mujer en lo que parecía un uso personal de un recurso público.
Más allá del incidente —que derivó en investigación de oficio por parte de la Secretaría de Seguridad estatal—, los señalamientos de la población van más allá: aumento en robos a casa habitación, vehículos y extorsiones desde su llegada, además de presuntos malos tratos a sus propios elementos. Si el filtro de confianza aprobó a alguien con este historial y comportamiento, ¿qué tanto mide realmente el sistema?
El problema no es aislado en Morelos. En los últimos años hemos visto renuncias preventivas de policías y hasta directores municipales antes de someterse a las pruebas, bajas por reprobación en evaluaciones y un déficit crónico de elementos certificados que deja a muchos municipios operando con personal interino o sin titular aprobado.
El caso de Atlatlahucan —donde Flores Ramírez asumió el cargo en 2025 y pasó los exámenes— demuestra que el control de confianza, aunque necesario, no es infalible: puede detectar mentiras o nexos evidentes, pero no siempre anticipa la falta de ética, el mal uso de autoridad o la incapacidad para generar resultados en materia de seguridad. Mientras los recursos se gastan en laboratorios y evaluadores, la ciudadanía sigue expuesta a mandos que priorizan el espectáculo o el beneficio personal sobre la profesionalización real.
Urge una revisión profunda: no solo más rigor en las pruebas, sino mayor transparencia en los perfiles de quienes aspiran a dirigir corporaciones, supervisión constante post-certificación y sanciones ejemplares por mal uso de recursos. De lo contrario, seguiremos viendo renuncias escandalosas como la de ‘El Puma’ —apodado así por su estilo—, que dejan un vacío de mando y refuerzan la percepción de que en seguridad pública municipal, el control de confianza es más un trámite costoso que una garantía efectiva.
La seguridad de los morelenses no puede depender de filtros que, en la práctica, dejan pasar a quienes menos deberían estar ahí.
