LA INSEGURIDAD PERCIBIDA: UNA SOMBRA QUE PERSISTE EN CUERNAVACA

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 26 de enero de 2026
La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), ha revelado una vez más que Cuernavaca se posiciona entre las ciudades con alta percepción de inseguridad en México. Según los datos más recientes correspondientes a diciembre de 2025, el 80.2 por ciento de la población mayor de 18 años en la zona metropolitana de Cuernavaca considera inseguro vivir en su ciudad, una cifra que, aunque representa una ligera mejora respecto al 84.2 por ciento del trimestre anterior, aún la coloca por encima del promedio nacional de 63.8 por ciento.
Esta percepción persiste a pesar de los esfuerzos del gobierno estatal en materia de seguridad, como el despliegue de operativos y la inversión en tecnología de vigilancia. Sin embargo, los avances en indicadores objetivos, como la reducción de ciertos delitos, no se traducen inmediatamente en una sensación de tranquilidad para los ciudadanos, quienes continúan experimentando temor en su día a día.
Los sitios donde la gente se siente más vulnerable son aquellos de uso cotidiano, según la misma ENSU. A nivel nacional, el 72.3 por ciento de las personas percibe inseguridad en los cajeros automáticos ubicados en la vía pública, seguido por el 64.9 por ciento en las calles y en el transporte público, y el 58.9 por ciento en las carreteras.
En Cuernavaca, estos espacios amplifican el miedo colectivo, ya que incidentes como robos en el transporte o asaltos en calles oscuras siguen siendo reportados con frecuencia en redes sociales y medios locales. Esta focalización en lugares específicos subraya que la inseguridad no es un concepto abstracto, sino una realidad tangible que afecta la movilidad y la rutina diaria de los morelenses, limitando su libertad y generando un estrés constante que no se disipa con meras declaraciones oficiales de progreso.
La prevalencia de esta condición humana de temor radica en un fenómeno psicológico y social conocido como “rezago perceptivo”. Años de negligencia en administraciones pasadas permitieron que la delincuencia se enraizara en la sociedad, creando un trauma colectivo que no se borra de la noche a la mañana. Incluso si las estadísticas muestran descensos en homicidios o robos, las experiencias personales —un asalto vivido, un vecino victimizado o noticias virales de violencia— pesan más en la mente de las personas que los números fríos.
En Morelos, décadas de corrupción en cuerpos policiales y falta de inversión en prevención social han dejado un legado de desconfianza hacia las instituciones, lo que hace que cualquier mejora sea vista con escepticismo, perpetuando un ciclo de percepción negativa.
Además, los medios de comunicación y las redes sociales juegan un rol amplificador en esta dinámica. En un mundo hiperconectado, las historias de inseguridad se difunden rápidamente, magnificando incidentes aislados y creando una narrativa de caos permanente. En Cuernavaca, plataformas como X están llenas de denuncias ciudadanas que, aunque válidas, contribuyen a una “eco-cámara” de miedo, donde lo negativo eclipsa los logros.
Esto no implica ignorar los problemas reales, pero sí reconoce que la percepción se alimenta de emociones más que de datos objetivos, y que el gobierno estatal debe invertir no solo en patrullas, sino en campañas de comunicación que reconstruyan la confianza pública.
Finalmente, para romper esta inercia, se requiere un enfoque integral que aborde las raíces profundas de la inseguridad. Más allá de los avances desplegados, como la coordinación con fuerzas federales, es esencial invertir en educación, empleo juvenil y rehabilitación urbana en zonas marginadas de Cuernavaca. Solo así se podrá cerrar la brecha entre la realidad y la percepción, transformando el temor en una sensación de comunidad segura.
Mientras tanto, los morelenses seguiremos arrastrando el peso de años de negligencia, recordándonos que la verdadera seguridad no se mide solo en reportes policiales, sino en la paz mental de sus habitantes.
