CONTENIDO, FAMA Y RIESGO
El impacto del crimen organizado en el mundo digital
El narcotráfico y la violencia han dejado una marca indeleble en distintos ámbitos de la vida pública en México, y el mundo digital no es la excepción. En los últimos años, muchos creadores de contenido —desde influencers hasta periodistas independientes— han tenido que navegar un terreno cada vez más peligroso y polarizado. El riesgo no solo proviene de la simple cobertura informativa de hechos violentos, sino de la exposición directa al fenómeno criminal y a su simbología en redes sociales, lo que complica la labor de quienes buscan informar, entretener o generar comunidad sin glorificar al crimen.
Un fenómeno preocupante es el surgimiento de perfiles asociados, directa o indirectamente, con grupos criminales que comparten contenido que muestra el estilo de vida ligado al narcotráfico. Videos de autos lujosos, armas, fiestas y ostentación de recursos se mezclan con narrativas que pueden parecer aspiracionales para audiencias jóvenes. Esta tendencia alimenta debates intensos dentro de las plataformas sobre la responsabilidad de las redes sociales y de los propios creadores. ¿Es legítimo exhibir esa realidad cuando puede normalizarla o incluso celebrarla? ¿Dónde trazar la línea entre exposición informativa y apología?
Para muchos creadores de contenido que no están ligados al crimen, la violencia representa un desafío editorial y ético constante. Periodistas y videoblogueros que cubren hechos delictivos enfrentan la presión de ofrecer información veraz sin caer en sensacionalismos ni poner en riesgo su seguridad o la de sus fuentes. Además, la competencia por la atención en redes impulsa a algunos a reproducir imágenes impactantes o detalles explícitos de escenas violentas, lo que puede contribuir a la desensibilización y a la reproducción de estereotipos dañinos. Este dilema afecta no solo al producto final, sino también al bienestar emocional de quienes lo generan.
La fama repentina también juega un papel complejo en este ecosistema. Cuentas que ganan notoriedad por acercarse a estilos de vida peligrosos o por comentar de manera irreverente sobre narcotráfico pueden acumular seguidores y monetizar su contenido con rapidez. Sin embargo, esa popularidad puede acarrear riesgos personales reales: desde amenazas y extorsiones hasta la posibilidad de ser percibidos como parte del entorno delictivo. La delgada línea entre notoriedad y peligrosidad se vuelve aún más difusa cuando los algoritmos de las plataformas recompensan contenidos extremos o emotivos con mayor visibilidad.
Finalmente, es fundamental que tanto creadores como plataformas reflexionen sobre responsabilidad y normas claras. La conversación pública debe abordar cómo evitar la glamurización de la violencia sin silenciar realidades que impactan a millones de personas en México. Al mismo tiempo, es crucial ofrecer a los creadores herramientas de protección digital, apoyo psicológico y guías éticas para enfrentar contextos complejos. En un entorno donde la influencia digital tiene cada vez más peso en la construcción de percepciones sociales, pensar críticamente sobre estos vínculos entre narcotráfico, violencia y contenido es una necesidad urgente para la salud del discurso público y la seguridad de quienes lo alimentan.
