EL GATOPARDISMO EN EL SENADO: CAMBIOS COSMÉTICOS EN MORENA
LA CRÓNICA DE MORELOS
Domingo 1 de febrero de 2026
E D I T O R I A L
El gatopardismo, un concepto inmortalizado en la novela “El Gatopardo” de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, encapsula la astucia política de realizar transformaciones aparentes para preservar el orden establecido. En esencia, se trata de la máxima “si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.
Este principio, originado en la Italia del siglo XIX durante la unificación, ilustra cómo las élites adaptan sus estrategias para mantener el poder sin alterar las estructuras profundas. No es mera hipocresía, sino una táctica refinada que disfraza la continuidad bajo la ilusión de renovación, permitiendo que los mismos intereses perduren mientras se proyecta una imagen de progreso.
En el panorama político mexicano, el gatopardismo ha sido una herramienta recurrente para navegar transiciones de poder, especialmente en partidos como Morena, donde la lealtad personal a menudo prima sobre las reformas institucionales. Este fenómeno se manifiesta en relevos que parecen democratizar o refrescar el liderazgo, pero que en realidad consolidan el control de figuras clave.
Lejos de promover una verdadera alternancia, estos movimientos aseguran que las decisiones estratégicas sigan alineadas con agendas preexistentes, evitando rupturas que podrían desestabilizar el statu quo interno del partido.
Un ejemplo paradigmático de este gatopardismo se observa en el relevo en la coordinación del grupo parlamentario de Morena en el Senado, donde Adán Augusto López Hernández ha sido sustituido por el senador poblano Ignacio Mier. López Hernández, ex gobernador de Tabasco y una pieza central en el engranaje morenista, cede el puesto a un incondicional suyo, garantizando que las líneas de influencia permanezcan intactas. Este cambio, anunciado como una rotación natural, no altera las dinámicas de poder; al contrario, refuerza la red de lealtades personales, asegurando que las políticas y alianzas continúen bajo el mismo mando efectivo.
En última instancia, este tipo de maniobras erosiona la credibilidad de las instituciones y perpetúa un ciclo de inmovilismo disfrazado de movimiento. Mientras Morena se jacta de transformación, prácticas como esta revelan que el verdadero cambio estructural sigue pendiente.
Para romper con el gatopardismo, se requeriría una genuina apertura a voces independientes y reformas que prioricen el bien común sobre las fidelidades individuales, un desafío que el Senado y el partido aún parecen reacios a enfrentar.
