Manos en los bolsillos, justicia a los pies
Entra un sujeto al baño público con las manos metidas en los bolsillos. Frente a los mingitorios le dice a otro hombre:
“Sáquemelo y le doy 500 pesos”. El otro responde:
“Si me da mil, lo hago”. El sujeto acepta. Gracias al desconocido realiza su necesidad fisiológica. Intrigado, el servicial le pregunta:
“¿Qué le pasa en sus manos, por qué no las utiliza?”. Y el que pagó contesta:
“Es que tengo frío”.
Minutos antes de participar, en el Teatro de la República de Querétaro, durante la ceremonia por el 109 aniversario de la Constitución de 1917, el ministro presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguilar Ortiz, protagonizó una escena que recorrió redes sociales como reguero de pólvora.
Con las manos firmemente guardadas en los bolsillos de su traje oscuro y decorado con motivos muy mexicanos alusivos a los pueblos originarios, el titular del máximo tribunal permaneció erguido e inmóvil en plena banqueta, mientras dos colaboradores —una mujer identificada como Amanda Pérez Bolaños, directora de Comunicación Social de la SCJN, y un hombre— se agacharon ante él para limpiar con servilletas y paños los zapatos Ferragano del ministro.
El video, captado por testigos y difundido por medios como N+, muestra la secuencia sin cortes: él observando con naturalidad, ellos trabajando en silencio, el polvo y la suciedad desapareciendo bajo sus manos.
La imagen desató una oleada de críticas y memes. Muchos la leyeron como un símbolo perfecto de jerarquía mal entendida: el poder que no se agacha, la justicia que espera ser atendida mientras otros se inclinan.
En un día dedicado a conmemorar la Carta Magna que consagra la igualdad, la escena dejó una pregunta flotando en el aire mexicano: ¿quién limpia los zapatos de la justicia cuando el ministro tiene frío en las manos?
Al final, todos sonrieron, los zapatos quedaron impecables y entraron al Teatro de la República para el acto solemne. Pero la fotografía —y el eco del viejo chiste— se quedó circulando, recordando que a veces la austeridad republicana y la cercanía al pueblo se miden mejor por lo que uno está dispuesto a hacer con sus propias manos.
