MUNICIPIOS BAJO FUEGO: LA CÉLULA FRÁGIL DEL PODER EN MÉXICO

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Lunes 9 de febrero de 2026
La vulnerabilidad extrema de los presidentes municipales en México se ha convertido en una constante trágica que desnuda las fisuras del sistema político. En Morelos y en otras regiones del país, la mayoría de los alcaldes víctimas de atentados —algunos fatales— comparten un patrón casi idéntico: o bien se prestaron a vínculos con el crimen organizado, o se negaron a hacerlo, independientemente de otros factores como ideología partidista o gestión administrativa.
Esta dinámica convierte a los municipios en campos de batalla donde el poder local se negocia a balazos, y donde la negativa o la complicidad marcan el destino de quien ocupa la presidencia municipal.
Aquella idea de que los municipios son la célula básica del sistema político mexicano ha quedado relegada al olvido. Hoy, lejos de ser el pilar de la democracia, representan la estructura más débil y expuesta del entramado institucional.
Los alcaldes operan con recursos limitados, sin capacidades reales de inteligencia o protección, y enfrentan presiones que van desde la extorsión hasta la imposición directa del narco. En este contexto, el poder municipal se ha vuelto tan frágil que un desacuerdo con un grupo criminal puede costar la vida, mientras que la sumisión a veces solo pospone el conflicto.
Un ejemplo reciente ilustra esta precariedad: el alcalde de Temoac, Valentín Lavín Romero, solicitó licencia temporal al cabildo para ausentarse del cargo y enfocarse en su recuperación tras un atentado armado sufrido el 31 de enero de 2026, cuando fue atacado a balazos en la carretera México-Oaxaca, a la altura del poblado de Amayuca (municipio de Jantetelco). Sobrevivió con lesiones por impactos de bala, pero el episodio resalta cómo incluso alcaldes que transitan por zonas históricamente violentas —Temoac registra antecedentes de violencia desde los años setenta— quedan desprotegidos. El hecho de que muchos de estos ataques ocurran sin escolta adecuada subraya la desatención estructural hacia la seguridad municipal.
La complicidad partidista agrava el panorama. Partidos que deberían fungir como garantes de la legalidad terminan cobijando a figuras cuestionadas. En Jalisco, el caso del alcalde de Tequila, detenido por presuntos vínculos con el Cártel Jalisco Nueva Generación, extorsiones y otros delitos, ocurrió bajo las siglas de Morena, lo que evidencia cómo algunas estructuras políticas se convierten en refugio para delincuentes. Esta protección selectiva erosiona la credibilidad de los institutos políticos y perpetúa la infiltración del crimen en los gobiernos locales, donde el poder se usa para delinquir con impunidad temporal.
La escasez de recursos en los tres órdenes de gobierno para fortalecer la seguridad municipal es el factor que remata esta crisis. Sin inversión en policías capacitadas, sistemas de inteligencia, equipamiento o coordinación efectiva, los alcaldes quedan a merced de dinámicas criminales que trascienden fronteras estatales.
Mientras no se priorice la fortificación real de los municipios —más allá de discursos—, seguirán siendo el eslabón más débil, y los atentados, una rutina previsible en el México contemporáneo.
