AGUA ESCASA, EXCUSAS ABUNDANTES: EL SAPAC Y LA TORMENTA PERFECTA EN CUERNAVACA

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Martes 24 de febrero de 2026
Los fuertes vientos que recientemente provocaron cortes de energía en Cuernavaca sirvieron de pretexto ideal para los directivos del SAPAC, quienes culparon a las interrupciones eléctricas por la escasez de agua que ya acumula tres semanas en la mayoría de las colonias.
Pero la coartada se desmorona rápido: colonias enteras del norte llevan casi un mes sin una gota en la llave, la temporada de estiaje ni siquiera ha arrancado oficialmente y, para rematar, trabajadores del organismo mantienen protestas de brazos caídos en diversas instalaciones —verbigracia el manantial de El Túnel—, paralizando operaciones clave por reclamos laborales no resueltos. Sumen ustedes el corte de luz en las oficinas centrales del SAPAC, por falta de pago.
Esta mezcla explosiva de apagones, descontento interno y narrativa oficial evasiva revela un caos autogenerado, no una simple emergencia climática pasajera que se resuelva con comunicados.
Mientras la población sufre el desabasto diario, el negocio de las pipas prospera sin freno: de mil a tres mil pesos por viaje, según la urgencia y el tamaño del tanque, transformando un derecho básico en un lujo de supervivencia para miles de cuernavacenses.
Las millonarias inversiones en nuevas redes de distribución —esas “carretadas de dinero” repartidas en avenidas principales— no han impedido el colapso; al contrario, parecen haber servido principalmente para engrosar cuentas bancarias de funcionarios con la mirada puesta en las elecciones de 2027.
Con oficinas centrales afectadas por cortes de luz y protestas de brazos caídos en fuentes vitales como El Túnel, el SAPAC no solo falla en abastecer agua: está paralizado desde adentro, priorizando excusas, conflictos laborales y culpas ajenas sobre cualquier solución concreta y urgente.
Esta crisis no es un capricho de la naturaleza ni un accidente inevitable; es el resultado directo de una gestión opaca, negligente y posiblemente interesada.
Los cuernavacenses no merecemos más comunicados que reciclan responsabilidades ni tener que pagar fortunas por agua que debería llegar por tubería sin interrupciones.
Con tres semanas de desabasto generalizado, protestas internas que agravan el problema y un estiaje que apenas comienza, urge una rendición de cuentas inmediata, transparencia total y acciones reales sin más dilaciones.
Si no se corrige de una vez, la sed colectiva se convertirá pronto en una indignación masiva e imparable que nadie podrá contener.
