AXOCHIAPAN EN LA MIRA: LA HONESTIDAD DEL ALCALDE ANTE EL AVANCE SIGILOSO DE LA DELINCUENCIA
CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Miércoles 11 de febrero de 2026
En un municipio pequeño como Axochiapan, donde la tranquilidad rural aún se respira en muchas calles, el reconocimiento público del alcalde Marco Antonio Cuate Romero sobre el aumento de extorsiones telefónicas y secuestros exprés rompe con el silencio cómplice que suele imperar en alcaldías similares.
Tras un reciente ataque armado en una vinatería que dejó varios lesionados, el edil no optó por minimizar los hechos ni por culpar exclusivamente a factores externos; admitió que al menos dos casos de secuestro exprés —iniciados como llamadas intimidatorias— han sacudido a la comunidad de Telixtac y generado legítima inquietud entre los habitantes. Esta franqueza, aunque incómoda, marca un punto de partida distinto en la gestión de la seguridad local.
El contexto geográfico explica buena parte del problema: Axochiapan, en el oriente de Morelos y colindante con Puebla, se convierte en territorio de paso y refugio temporal para grupos que son presionados en zonas más vigiladas como Cuautla o Jojutla.
Lo que el alcalde describe como “efecto cucaracha” no es una mera metáfora; refleja la realidad de políticas de seguridad fragmentadas que desplazan el delito en lugar de erradicarlo. Mientras se intensifican operativos en municipios vecinos, los delincuentes optan por el eslabón más débil, donde la presencia estatal es menor y la respuesta municipal, por recursos limitados, llega tarde o incompleta.
Frente a esta dinámica, Cuate anunció medidas concretas y urgentes: fortalecer la coordinación con la Secretaría de Seguridad de Morelos, la Guardia Nacional y la Sedena; activar en breve el Centro de Control y Comando (C2); instalar más cámaras de vigilancia; colocar arcos carreteros en accesos clave y regular con mayor rigor los horarios de venta de alcohol. Estas acciones, si se ejecutan con rapidez y transparencia, podrían generar una percepción de control y disuadir a los operadores de bajo perfil que hoy aprovechan la vulnerabilidad del municipio.
Sin embargo, su éxito dependerá no solo de tecnología o patrullajes, sino de la capacidad para cortar las redes de comunicación que alimentan las extorsiones desde penales o desde otros estados.
La verdadera prueba para Axochiapan no está solo en las promesas del alcalde, sino en si logra convertir esta alerta en un llamado a la cohesión comunitaria. Enfrentar la extorsión y el secuestro exprés requiere que los ciudadanos denuncien sin temor, que las autoridades estatales y federales no dejen solo al municipio en la primera línea y que se combata la normalización del miedo.
La honestidad de Marco Antonio Cuate es un acto valiente en un panorama donde muchos prefieren el silencio; ahora corresponde demostrar que esa transparencia se traduce en hechos que devuelvan la paz a un pueblo que no merece ser el nuevo patio trasero de la delincuencia regional. ¿Solicitará o ya lo ha hecho protección especial ante el evidente riesgo que corre? Estaremos atentos y después diremos.
