CACLE, CACLE: LA BRUJA DE LAS MENTIRAS EN LA MAÑANERA
OPINIÓN
Por Guillermo Cinta Flores
Miércoles 21 de enero de 2026
En un momento que bien podría salir de una historieta infantil, la presidenta Claudia Sheinbaum decidió invocar a la brujita de La Pequeña Lulú durante su conferencia matutina de este miércoles. Con un gesto que pretendía ser juguetón, imitó el clásico “cacle, cacle” de la malvada hechicera que fraguaba planes contra la inocente Lulú. El contexto: una ola de rumores en redes sociales y columnas periodísticas sobre supuestas exigencias del presidente Donald Trump para que México entregue a figuras clave de Morena, acusadas de nexos con el narcotráfico y el huachicol.
“¿De dónde sacan tantas mentiras?”, exclamó Sheinbaum, subrayando que todo parece un caldero de desinformación cocinado por la oposición y sus aliados mediáticos. Y tiene razón. Como periodista con un colmillo afilado por años de escarbar en la mugre política, me he topado con esta marea de mensajes virales en X y otras plataformas.
Usuarios anónimos —o no tan anónimos— difunden versiones de una “lista negra” que Trump habría presentado, exigiendo la cabeza de políticos morenistas vinculados al crimen organizado. Se menciona desde el uso del huachicol en campañas electorales hasta alianzas directas con cárteles, pasando por nombres como Ricardo Monreal o Adán Augusto López. Hasta se habla de que Trump, empoderado por su reciente intervención en Venezuela, amenaza con acciones unilaterales si México no coopera. Pero, ¿evidencia concreta? Ninguna. Todo huele a etapas de desinformación clásica, esa que florece cuando el gobierno no se anticipa con transparencia y deja el campo libre a los especuladores.
Mientras tanto, Trump andaba feliz en Davos, codeándose con líderes globales en el Foro Económico Mundial, sin mencionar una sola palabra sobre estas supuestas demandas. Su agenda parecía más enfocada en presumir logros económicos y geopolíticos que en presionar a México por entregas exprés. De hecho, reportes recientes destacan tensiones bilaterales, sí, pero centradas en temas como el control de cárteles y migración, no en una cacería personalizada contra Morena. Sheinbaum ha respondido con temple, enviando al canciller a Washington para dialogar, y rechazando calumnias sobre alianzas con el crimen organizado que, ironía, apuntan más a las armerías estadounidenses que a Palacio Nacional.
Sin embargo, donde la presidenta patina es en el intento de humor. La mañanera no es un escenario para gesticulaciones y chistes que no le salen naturales. Sheinbaum brilla en datos, planes y disciplina científica —recordemos su experiencia en energía y medio ambiente—, pero el humorismo forzado la hace parecer fuera de lugar. Ese “cacle, cacle” podría haber sido un golpe maestro en manos de un comunicador nato, pero en ella suena como un esfuerzo por humanizarse ante la crítica, cuando lo que necesita es más hechos y menos caricaturas. La oposición, claro, lo usa para pintarla como desconectada, alimentando el mismo caldero que denuncia.
Al final, este episodio revela la fragilidad de la información en era digital. Las mentiras se propagan como virus, y el gobierno debe vacunarse con anticipación. Sheinbaum acierta al llamarlas por su nombre, pero debería dejar las imitaciones para los comediantes. México necesita liderazgo firme, no sketches de historieta. ¿O será que, en el fondo, todos estamos en un cómic donde los villanos son los rumores y los héroes, los hechos? Cacle, cacle… veremos qué fragua el futuro.
