CÓDIGOS DE SALVACIÓN: EL ARMA SECRETA DE LOS PADRES EN UNA SOCIEDAD DESGARRADA
LA CRÓNICA DE MORELOS
Sábado 7 de febrero de 2026
E D I T O R I A L
En una era donde la inseguridad acecha en cada esquina y la desconfianza se ha convertido en el pan de cada día, historias como la compartida en un tuit reciente resuenan profundamente entre los padres de familia. Una madre recibe una llamada de su hija en una fiesta: “Oye mamá, ¿podemos pedir una pizza de pepperoni?”. A simple vista, parece una petición inocente, pero en realidad es un código de emergencia que significa “Ven a buscarme inmediatamente”.
Este ingenioso sistema no solo evitó un potencial peligro —la hija susurró que habían empezado a tomar pastillas—, sino que destaca la creatividad desesperada que muchos padres empleamos para proteger a nuestros hijos en un mundo donde los valores éticos y morales parecen desvanecerse, reemplazados por el odio, las traiciones y una indiferencia colectiva que deja a los jóvenes vulnerables.
Recordemos el trágico caso de Debanhi Escobar, la joven de Monterrey que en 2022 desapareció tras una fiesta y fue abandonada a su suerte por sus supuestas amigas. Su cuerpo fue hallado días después en una cisterna, un suceso que sacudió a México y simboliza el colapso de la solidaridad humana en entornos sociales supuestamente seguros.
Como padres, vivimos con el corazón en un puño, sabiendo que una noche de diversión puede tornarse en pesadilla debido a la prevalencia de drogas, violencia y traiciones entre pares.
En esta sociedad fracturada, donde la inseguridad no discrimina y las instituciones a menudo fallan, estrategias como estos códigos de pizza —”pepperoni” para rescate urgente, “cheese” para una llamada de excusa, “vegetal” para un chequeo sutil— se convierten en herramientas vitales para navegar el caos sin exponer a nuestros hijos al ridículo o al peligro inmediato.
Estos códigos funcionan porque eliminan el pánico y proporcionan un guion preestablecido, permitiendo que los jóvenes actúen con discreción sin improvisar en momentos de estrés.
Desde nuestra perspectiva como padres —y la de innumerables familias mexicanas agobiadas por el temor constante—, implementar tales medidas no es paranoia, sino una respuesta pragmática a una realidad donde la pérdida de valores ha erosionado la confianza en el prójimo. En fiestas caseras o salidas nocturnas, donde el alcohol y las sustancias ilícitas fluyen libremente, un simple mensaje codificado puede marcar la diferencia entre la seguridad y la tragedia, fomentando una comunicación abierta que fortalece el vínculo familiar en medio de la adversidad.
Al final, mientras esperamos que la sociedad recupere su brújula moral y las autoridades combatan la inseguridad de raíz, los padres debemos armarnos con ingenio y prevención.
Compartir y adoptar estos códigos no solo protege a nuestros hijos, sino que envía un mensaje claro: en un mundo de traiciones y odio, el amor parental es el ancla inquebrantable. Invitamos a todas las familias a crear sus propios sistemas de alerta, porque en esta batalla diaria por la supervivencia ética, la preparación es nuestra mejor defensa.
