CUERNAVACA EN 2026: UNA DECADENCIA PERSISTENTE CON ESFUERZOS AISLADOS DE RECUPERACIÓN

CINTARAZOS
Por Guillermo Cinta Flores
Miércoles 7 de enero de 2026
A inicios de 2026, Cuernavaca arrastra una decadencia urbana que se manifiesta en calles deterioradas, barrios abandonados y una cohesión social erosionada, donde el orgullo cívico dio paso a la resignación ante la suciedad, el grafiti y la basura acumulada, síntomas de un deterioro que no cede pese a los intentos oficiales por contenerlo.
La decadencia urbana no surge de una sola causa, sino de la acumulación de factores interconectados: urbanización precaria en asentamientos irregulares sin servicios básicos, pobreza crónica, informalidad económica que invade el espacio público y zonas de tolerancia que fomentan la simulación gubernamental.
En la capital de Morelos, colonias enteras carecen de agua potable, drenaje y pavimentación adecuada, mientras el empleo precario y las actividades ilegales en vía pública persisten sin regulación efectiva. Las autoridades municipales prometen soluciones, pero terminan en montajes que no resuelven nada, perpetuando la simulación cotidiana.
Esta dinámica alimenta otros males: altos índices de drogadicción, alcoholismo, pandillerismo y criminalidad. Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI correspondiente al tercer trimestre de 2025 —la más reciente disponible—, el 84.2 por ciento de los habitantes considera inseguro vivir en Cuernavaca, colocándola en el quinto lugar nacional entre las ciudades con mayor percepción de inseguridad. Aunque hay vaivenes en delitos de alto impacto y reportes oficiales de reducciones puntuales en robos, la percepción ciudadana no mejora sustancialmente, depreciando propiedades y desalentando la inversión empresarial.
La clase media y alta mantiene un temor constante, mientras la degradación del tejido social es evidente: menos residentes cuidan frentes y patios, el grafiti prolifera y la basura se acumula, erosionando el sentido de pertenencia.
Pese a esfuerzos municipales en 2025 —como la construcción de tanques elevados para agua, rehabilitación de vialidades con más de 270 millones de pesos invertidos y programas ambientales de limpieza de barrancas—, estos avances resultan aislados e insuficientes para revertir la trayectoria de deterioro. Planes para 2026 en infraestructura hídrica y recuperación vial prometen continuidad, pero no abordan las raíces estructurales: pobreza, inseguridad y abandono.
En enero de 2026, Cuernavaca no ha escapado a su decadencia. Los signos de abandono urbano son palpables en muchas zonas, y mientras persistan la simulación y la falta de soluciones integrales, el orgullo por esta ciudad seguirá desvaneciéndose.
