Cuernavaca exhibió en Semana Santa su rostro más decadente
Durante el periodo vacacional de Semana Santa, que atrajo a miles de visitantes nacionales y extranjeros en busca de descanso, cultura y el clima privilegiado de Morelos, el centro histórico de Cuernavaca y otros puntos clave de la capital morelense se convirtieron en un espectáculo deplorable de desorden, basura acumulada y caos generado por el comercio ambulante y semifijo.
Calles como Avenida Morelos, Santos Degollado y Clavijero, además del Zócalo, lucieron invadidas por puestos improvisados, mercancía desparramada y montones de residuos que nadie recogía a tiempo, a pesar del aumento significativo de visitantes.
Lo que debió ser un escaparate de hospitalidad y belleza urbana se transformó en un tianguis improvisado sin control: banquetas bloqueadas, peatones obligados a caminar por la calle sorteando obstáculos, ausencia de botes de basura suficientes y un ambiente general de abandono.
Este no es un problema aislado de unos días; es la manifestación visible de una decadencia más profunda que ya no se limita al centro, sino que se extiende a otros puntos citadinos. Cuernavaca, que históricamente ha sido destino de artistas, intelectuales y turistas en busca de paz y armonía, parece haber perdido el rumbo en el cuidado de su espacio público.
Griselda Hurtado Calderón, presidenta del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) de Morelos, no se quedó callada ante esta realidad. Señaló con claridad que el desorden y la falta de seguridad en el Centro de Cuernavaca afectan directamente la imagen de la ciudad frente a los visitantes. Por ello, el sector empresarial buscará reunirse cuanto antes con las autoridades municipales para abordar la problemática de manera conjunta.
Hurtado Calderón planteó la necesidad de elaborar un plan integral que no solo ataque el ambulantaje descontrolado y la acumulación de basura, sino que también fortalezca la seguridad y mejore el entorno urbano en su conjunto. Su mensaje es pragmático pero urgente: sin un entorno limpio, ordenado y seguro, el turismo —motor económico clave para la entidad— se resiente, los comercios establecidos sufren y la calidad de vida de los habitantes se deteriora.
🔴 BUSCAN ORDEN Y SEGURIDAD EN EL CENTRO DE CUERNAVACA
— Círculo de Poder (@circulo_depoder) April 6, 2026
La presidenta del Consejo Coordinador Empresarial, Griselda Hurtado Calderón, señaló que ante el desorden y la falta de seguridad en el Centro de Cuernavaca, el sector empresarial buscará reunirse con autoridades municipales… pic.twitter.com/TZTcd3CRAX
Un problema que trasciende lo estético: el alma de la ciudad en juego
Filosóficamente, una ciudad no es solo un conjunto de edificios y calles; es el reflejo material de la convivencia humana, del respeto mutuo y del sentido de pertenencia colectivo. Cuando el espacio público se degrada —cuando la basura se acumula, el orden se pierde y el caos informal se adueña de lo común—, se erosiona algo más profundo: la dignidad cívica.
Platón, en La República, hablaba de la polis como extensión del alma bien ordenada. Aristóteles insistía en que la virtud cívica se cultiva en el ágora, en el espacio compartido donde los ciudadanos interactúan con justicia y mesura. En Cuernavaca, ese ágora —el Zócalo y sus calles aledañas— se ha convertido en un espacio donde prevalece la improvisación, la falta de reglas claras y, en el fondo, una forma de anomia (ausencia de normas efectivas) que beneficia a unos pocos a costa del bien común.
El comercio ambulante, en sí mismo, no es el villano. En muchas ciudades del mundo cumple una función social y económica importante. El problema surge cuando se vuelve desregulado, invasivo y sin corresponsabilidad: cuando invade banquetas que son de todos, genera toneladas de basura sin que sus generadores asuman el costo de limpiarla, y compite deslealmente con los comercios formales que pagan impuestos, cumplen normas y dan empleo estable. Esto no solo daña la imagen turística; erosiona la confianza en las instituciones que deben garantizar el equilibrio entre libertad económica y orden público.
La decadencia urbana visible en Semana Santa es, por tanto, síntoma de un mal mayor: la falta de autoridad legítima para hacer cumplir reglas básicas de convivencia. Cuando nadie recoge la basura a tiempo, cuando los puestos se multiplican sin control y cuando la inseguridad acecha entre el desorden, se transmite un mensaje claro a residentes y visitantes: “aquí todo vale, nada importa realmente”.
Cuernavaca tiene todo para recuperar su esplendor: clima único, historia rica (desde los jardines de Maximiliano hasta su legado cultural), ubicación estratégica y gente emprendedora. Lo que falta es voluntad política sostenida y una visión compartida de que el espacio público es un bien precioso que debe cuidarse con rigor y amor cívico.
Si no se actúa con decisión, el “espectáculo” de esta Semana Santa se repetirá una y otra vez, hasta que la “Ciudad de la Eterna Primavera” se convierta, en la percepción colectiva, en la ciudad de la eterna resignación. El sector empresarial, representado por voces como la de Griselda Hurtado, está llamando a revertir esa tendencia.
Ahora corresponde a las autoridades responder con hechos, no solo con buenas intenciones. La imagen de Cuernavaca —y su futuro económico y social— está en juego.
